Diario de León

Los gigantes que cuentan la historia de Ponferrada encuentran casa

La comparsa, con más de un siglo de tradición, queda bajo la custodia del Museo del Bierzo

Los gigantes ocupan el patio central del Museo del Bierzo

Los gigantes ocupan el patio central del Museo del BierzoDL

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Ponferrada

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La llegada de septiembre en Ponferrada también se reconoce por unas enormes figuras que anuncian las fiestas. Gigantes y cabezudos han cambiado de rostros, vestimentas y generaciones, pero siguen formando parte de la memoria de La Encina y de una tradición que regresa cada año. La historia de la comparsa se remonta a finales del siglo XIX. Los programas de fiestas ya recogían la presencia de gigantes en la procesión de la Virgen de La Encina y en 1895 anunciaban el estreno de una pareja de «gigantones». Durante décadas recorrieron las calles entre la iglesia, el Ayuntamiento y el Castillo, encabezando desfiles y procesiones. Aquellos primeros ejemplares desaparecieron con el tiempo y fueron sustituidos por nuevas generaciones.

En 1940, el Consistorio adquirió una pareja de gigantes, Isabel y Valerio, vestidos con la indumentaria tradicional berciana. Les acompañaba una comparsa de cabezudos. Sin embargo, en 1963, durante la demolición del antiguo instituto Gil y Carrasco, los gigantes y cabezudos almacenados allí fueron destruidos por error. Ponferrada tuvo que empezar de nuevo. Entre 1964 y 1965 llegaron nuevos gigantes: una pareja berciana y otra caracterizada como rey y reina, Isabel y Fernando. Para evitar la coincidencia de nombres, la giganta berciana pasó a llamarse Lucinda, formando con Valerio una de las parejas más reconocibles de las fiestas. Los Reyes también permanecieron durante décadas y los cabezudos fueron aumentando con nuevos personajes, algunos fabricados por la Industria Juguetera Recacha de Zaragoza. En los años 70 se intentó incorporar también los zaldikos, unos caballitos de cartón inspirados en los Sanfermines, pero acabaron desapareciendo en los años 90. Mientras tanto, el paso del tiempo dejó huella en la comparsa. Roturas, repintes y reparaciones afectaron especialmente a las piezas más antiguas, fabricadas en cartón piedra. Algunas cabezas se perdieron y otras tuvieron que retirarse. Detrás de cada desfile estuvieron siempre los porteadores, generaciones de jóvenes y mayores que aprendieron a manejar las figuras y a hacer bailar a los gigantes por las calles de Ponferrada. Con el cambio de siglo llegó otra renovación. 

En 2002, el Ayuntamiento adquirió nuevos cabezudos y una nueva pareja de gigantes bercianos fabricados por Aragonesa de Fiestas, sucesora de Recacha. Son los actuales Valerio y Lucinda. En 2004 se incorporaron otros dos gigantes: el Templario y La Dama, que adoptaron la identidad de don Álvaro Yáñez y doña Beatriz Osorio, protagonistas de El Señor de Bembibre, de Enrique Gil y Carrasco. Así quedó configurada la actual pareja de cuatro gigantes: los bercianos Valerio y Lucinda y los protagonistas de la novela, Álvaro y Beatriz.

Los gigantes y cabezudos encuentran su sitio en el Museo del Bierzo

Los 19 ejemplares que forman actualmente la comparsa —cuatro gigantes y quince cabezudos— acaban de vivir otra transformación. El Ayuntamiento de Ponferrada ha acometido su restauración en los talleres de la centenaria Aragonesa de Fiestas, recuperando unas piezas que en algunos casos tienen alrededor de 60 años y que habían sufrido el desgaste provocado por décadas de uso. El resultado pudo verse durante las ya pasadas fiestas. Con nuevas vestimentas, los gigantes y cabezudos volvieron a recorrer las calles acompañados por Alegría Berciana, recuperando por un año más ese encuentro con los vecinos que se repite generación tras generación.

Ahora tendrán también un lugar donde permanecer cuando termine la fiesta. Los cuatro gigantes ya ocupan el patio central del Museo del Bierzo y los quince cabezudos serán próximamente expuestos en una de sus salas. El Ayuntamiento ha decidido convertir así el museo en el lugar de conservación permanente de una comparsa que durante años permaneció guardada en almacenes municipales.

No dejarán por ello de salir a la calle. La Concejalía de Fiestas continuará contando con ellos durante las celebraciones, porque su historia pertenece también a las personas que los vieron pasar de niños, a quienes aprendieron a llevarlos sobre sus hombros, a quienes los repararon cuando el tiempo hizo mella en ellos y a quienes todavía esperan cada septiembre para volver a encontrárselos bailando por Ponferrada.

Más de cien años después de aquellos primeros «gigantones» anunciados en los programas de las fiestas, la comparsa sigue teniendo una cita con la ciudad. Ahora, además, tendrá un lugar donde contar su propia historia.

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