Diario de León

El secreto de la longevidad en el Bierzo tras una vida de sacrificios

La comarca se postula como una de las regiones del mundo donde se vive más y mejor ('blue zone') y el Consejo Comarcal busca respuestas en las vivencias de mujeres rurales que coinciden en señalar una vida activa de mucho trabajo, una alimentación natural y sencilla y conciencia de pueblo

Mujeres que han aportado sus testimonios.

Mujeres que han aportado sus testimonios.DL

María Carro
Ponferrada

Creado:

Actualizado:

En su propósito de descubrir los secretos de la longevidad de los bercianos —en el marco del proyecto Territorio Azul, que aspira a convertir a la comarca en la séptima blue zone del mundo (territorios con alta concentración de personas centenarias que disfrutan de una vida longeva y saludable)— el Consejo Comarcal del Bierzo ha empezado a recoger el patrimonio vital de mujeres que residen en el medio rural y superan con holgura los ochenta y tantos años. Voces cargadas de experiencia que han contado sus vidas, sus saberes, sus afectos y la manera en la que se enfrentan a la cotidianidad cuando están más cerca del siglo que de una juventud que se repite, marcada por el trabajo en el campo y la casa, una dieta sencilla en la que el caldo de berzas y los fréjoles han tenido un papel esencial, y remedios caseros como el orégano con miel y la genciana para los catarros, la esnelda y la cola de caballo para las infecciones de orina o el orujo para enjuagar la boca.

El registro de la institución berciana reúne a mujeres de diferentes puntos de la comarca unidas por la tierra, el trabajo desde bien jóvenes —incluso, niñas— y una intensa actividad física. Mujeres acostumbradas a una huerta que aún hoy mantienen, a caminar, a trabajar, a cuidar vacas, cabras y ovejas; a asumir responsabilidades tempranas. Unas vidas de sacrificio, lucha y llaneza sostenidas también en un férreo sentimiento de comunidad, de colaboración vecinal. De hecho, la mayoría hoy viven solas y superan las barreras de ese individualismo doméstico con sus vecinos. Como Engracia Piedrafitas (Dorinda) que, a sus 91 años, sigue dando largos paseos diarios con una vecina en Castañeiras (Balboa) y Luisa López (86 años), que organiza reuniones para tomar café en el local que fue su bar, en Fabero. También Mari Carmen Rellán (Carmina), que se junta con diez amigos todas las tardes para jugar a las cartas en Burbia.

«El pueblo significa salud, sol, aire fresco y tranquilidad», dice Esperanza Rodríguez desde Chano (Peranzanes), que mantiene la mente activa recordando canciones y romances que aprendió en la escuela, haciendo sopas de letras y tejiendo calcetines de lana. Ahora tiene 82 años y una genética marcada por la longevidad, con dos hermanas mayores y una madre que vivió hasta los cien años.

El relato de Leónides Abella (Valle de Ancares) evidencia una vida de dificultades que la ha llevado hasta los 83 años después de «pasar miserias». «Caminábamos mucho y trabajábamos mucho. Era la vida que nos tocó vivir», dice y apunta a una alimentación natural (caldo, alubias, patatas, castañas y lo que daba la matanza) y al trabajo «entre vacas, pinos y piedra» como pilares de su presente. En su memoria, comer no era abundancia, sino sostén.

«Si no había leche porque no teníamos la vaca parida, comíamos caldo para desayunar, comer y cenar», asegura Adelina Gómez, que nació en Priaranza del Bierzo hace 94 años. Ella cree que ha llegado a la edad que tiene porque antes se tomaban menos medicinas, se trabaja mucho y se vivía de forma más activa y natural, con mayor resistencia física. Comía más verduras que carne y empezó a trabajar pronto con las vacas, en la hierba y con las tareas del hogar. Iba al monte a por leña y escobas, lavaba la ropa en el río y llegó a hacer de lechera un tiempo, bajando en bicicleta hasta Ponferrada para vender la leche.

Todas estas historias de vidas largas coinciden en lo mismo, en que la actividad física, la alimentación natural con productos de casa, el sosiego de la vida rural ahora que ya no trabajan como lo hicieron y la convivencia estrecha con quienes han convivido siempre es lo que les permite ir sumando años con la energía con la que lo hacen. Como Pacita Pacios (93 años, Rimor) que, a día de hoy, cuida su huerta, cocina, lee, sigue cosiendo y hace gimnasia.

tracking