Diario de León

Una nueva herramienta puede anticipar la producción de castaña del Bierzo antes de la cosecha

El ingeniero forestal Roberto Rubio, secretario de la Mesa de Castaño, desarrolla un modelo geoespacial que combina doce años de producción con información meteorológica diaria de las áreas de recolección

Erizos de un castaño en una parcela del Bierzo.

Erizos de un castaño en una parcela del Bierzo.l. de la mata

María Carro
Ponferrada

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Hace doce años que el secretario de la Mesa del Castaño del Bierzo, Roberto Rubio, inició un trabajo de registro de datos meteorológicos y de producción de castaña para identificar qué condiciones climáticas afectan realmente a la cosecha en una comarca que sufre una tendencia a la baja en la producción desde hace años. Analizó la información recogida entre cerca de medio centenar de castañicultores, doce localizaciones de referencia, casi 4.000 castaños y 600 hectáreas de parcelas de sotos; y ese extenso fondo documental es la base de un estudio geoespacial que permite anticipar la producción de castaña, traduciendo la estadística en avisos prácticos y comprensibles para los castañicultores.

Rubio ha desarrollado este modelo «fiable y fácil de identificar» con el apoyo de los profesores del Campus de Ponferrada de la Universidad de León Ramón Álvarez Esteban y Flor Álvarez Taboada, en el marco del Máster en Geoinformática para la Gestión de los Recursos Naturales. Identifica qué condiciones climáticas están más relacionadas con una buena o una mala cosecha, ya que «aunque la producción responde a una combinación de factores, algunas pautas se repiten con claridad», explica. Y esas constantes son, por ejemplo, que «un enero muy seco y caluroso suele adelantar una cosecha peor, un mes de mayo con temperaturas máximas elevadas también perjudica la producción, una lluvia moderada a principios de marzo favorece la cosecha y la lluvia de enero también se asocia con mejores resultados».

«En conjunto, esto confirma que los momentos de floración y el arranque del fruto en primavera también son delicados para el castaño y no solo las condiciones de verano», aseguró Roberto Rubio, que defiende que su modelo de análisis geoespacial «respeta la forma en que el árbol realmente responde al clima y resulta fiable y muy útil para quienes tienen que decidir cuándo regar, cuándo proteger el arbolado o cuándo anticipar una mala cosecha». El reto ahora —añade— será «sumar a este conocimiento climático la información sobre plagas, suelo y gestión, para construir alertas realmente completas frente a un clima cada vez más cambiante».

A partir de los resultados obtenidos, es estudio plantea varias líneas concretas de actuación para el sector, que pasan por vigilar de cerca los momentos clave de ciclo del árbol (floración en primavera y llenado de fruto en verano), en vez de fijarse solo en el balance climático de todo el año; prever riego de apoyo en los periódicos críticos de llenado de fruto, especialmente en verano secos; y establecer alertas tempranas que combinen la previsión meteorológica con el seguimiento de plagas. También a medio y largo plazo, plantea completar los modelos predictivos con información sobre el suelo, el estado sanitario del castaño y las prácticas de gestión; así como avanzar hacia herramientas más precisas y adaptadas a cada zona, como imágenes satélite para vigilar el estado de los sotos.

El trabajo de Roberto Rubio está enfocado en la optimización de los recursos para mejorar la rentabilidad de las explotaciones. Permitirá a los castañicultores adelantarse con el manejo, por ejemplo, del riego —en los casos en que sea posible— y a las empresas del sector «visionar la campaña, determinar el volumen de recursos y situarse en el mercado con más o menos producto» en función de cómo se estime que será la campaña.

Este modelo, que permite anticipar a productividad de castañas al menos quince días antes de la cosecha, será accesible para municipios y castañicultores asociados a la Mesa del Castaño del Bierzo.

De la lluvia de primeros de marzo al número de días de calor en julio

Los datos recogidos en el estudio geoespacial que permite anticipar la cosecha de castañas en la comarca son precisos en cuanto a las condiciones climáticas más beneficiosas para los castaños. En marzo, «la cosecha responde mejor cuando la lluvia de la primera quincena se sitúa en torno a los 50 milímetros. Por debajo de esa cantidad o muy por encima, la producción tiende a resentirse. En junio, «cuanto más suave es la temperatura, mejor». El modelo señala que con menos de 17,5 grados de media, el árbol rinde mejor y cuando la temperatura sube hasta los 20 o 22 grados, la cosecha se ve más penalizada.

Por su parte, el comportamiento de los sotos en julio no depende tanto de la temperatura media como del número de días con calor moderado (entre 24 y 28 grados). «A partir de los seis o siete días de este tipo de calor, se dan señales de que el árbol entra en estrés térmico», explica Roberto Rubio. En septiembre es preciso diferenciar por quincenas. El estudio recoge que en la primera, la producción mejora a medida que aumenta la lluvia (siempre, alrededor de los 50 o 60 milímetros) para luego estabilizarse. En los siguientes quince días, la inestabilidad es mayor hasta concluir que «en esta fase final de llenado del fruto, el exceso de humedad puede llegar a ser tan perjudicial como la falta de ella».

Un impacto económico de más de 30 millones

«El castaño es mucho más que un árbol en el Bierzo», insiste en defender Roberto Rubio, que subraya que la castañicultura sostiene una superficie de más de 18.000 hectáreas y genera un impacto económico de entre 30 y 45 millones de euros cada año. No obstante, su producción varía enormemente de una campaña a otra, con cifras que oscilan entre las 1.947 y las 8.500 toneladas anuales. Y esto, explica Rubio, «complica la planificación del sector». Además, «año tras año la cosecha por árbol tiende a ser menor; un descenso gradual, pero constante, que se traduce en una pérdida acumulada nada despreciable para el sector».

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