Diario de León

Medio siglo de Antolín de Cela al servicio de la fe de los bercianos

Su trayectoria en la Encina y el Hospital de la Reina ha estado ligada al patrimonio de la comarca y al Camino de Santiago

El rector de la Encina durante el Cante de la Salve.

El rector de la Encina durante el Cante de la Salve.L. DE LA MATA

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Ponferrada

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Medio siglo da para mucho. Que se lo digan a Antolín de Cela, que llegó al Bierzo hace 50 años y ha terminado haciendo de esta comarca su casa. Desde entonces, su vida ha transcurrido entre la Basílica de la Encina, el Hospital de la Reina, los peregrinos y una Ponferrada que ha cambiado con el paso de las décadas.

Cincuenta años en el que ha visto crecer proyectos, acompañar a generaciones de bercianos y convertir en propios unos lugares que, cuando llegó, todavía eran nuevos para él. Su trayectoria es conocida. También lo son algunas de las iniciativas que han marcado estos años y que ahora forman parte del paisaje de Ponferrada.

Detrás del rector de la Basílica de la Encina está, sobre todo, una persona que ha hecho del Bierzo una parte esencial de su vida. Así lo cuenta su sobrina, Eva María Pestaña de Cela, que quiso aprovechar las bodas de oro de su tío en la comarca para dedicarle un homenaje sorpresa en la conocida revista Bierzo, publicada en las pasadas fiestas patronales de Ponferrada.

«Antolín es un ser de luz», escribe. «Es empático, escucha sin juzgar, trata a todos con amabilidad y respeto». Un retrato que habla de alguien «dialogante, divertido, tenaz» y, sobre todo, «un enamorado del Bierzo desde hace 50 años». La palabra Bierzo aparece una y otra vez cuando Antolín habla. En la presentación de la programación de la Encina volvió a demostrarlo al reivindicar la importancia de la basílica, de los peregrinos, de las tradiciones y de una iglesia que, en su opinión, debe permanecer abierta para quien quiera entrar. «Una iglesia abierta siempre dice algo, siempre comunica», defendió.

Es una filosofía que también ha trasladado a su forma de entender Ponferrada. Para él, la Basílica de la Encina no es únicamente un lugar de culto. Es también un espacio de acogida, de descanso y de encuentro. Un lugar donde un peregrino puede quitarse la mochila, sentarse unos minutos y, quizá, recordar a alguien que ya no está.

Esa mirada hacia el peregrino forma parte también de su propia historia en la comarca. Su sobrina recuerda su carácter visionario y su apuesta por convertir al Bierzo en un lugar capaz de acoger a quienes recorren el Camino de Santiago. De ahí nació uno de los primeros albergues de peregrinos de Ponferrada. Ahora, medio siglo después, ese camino continúa también a través de la torre de la Basílica y del recién estrenado Museo de Arte Sacro, dos proyectos en los que su familiar Eva María ve reflejada esa capacidad de su tío para imaginar lo que todavía no existe.

Más allá de los proyectos y de los cargos, ella quiso detenerse en la persona. En ese hombre al que define como «un adelantado» y que, asegura, ha puesto su mente, sus manos y su corazón al servicio de Ponferrada. También es músico, también artista. Toca el piano, el acordeón y la guitarra y, como recuerda su sobrina, llegó incluso a ganar un festival en su juventud cantando «Granada». No es un detalle menor en el retrato que ella construye.

Porque la música, el sentido del humor, la conversación y esa capacidad para relacionarse con personas muy diferentes forman parte de la personalidad que quienes le conocen han encontrado durante estos 50 años.

Su sobrina llega incluso a imaginar qué habría sido de su tío si no hubiera escogido el sacerdocio. «Podría haber sido alcalde o cantante de éxito», escribe.

Una ocurrencia familiar que resume, a su manera, la mezcla de liderazgo, magnetismo y vocación que atribuye a Antolín.

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