El Bierzo mantiene viva su vocación misionera con 28 bercianos repartidos por todo el mundo

La diócesis de Astorga llama a colaborar este domingo con el Domund en su centenario, con el testimonio de la misionera Alphonsine Kitumua y el recuerdo de los 213 misioneros diocesanos

Presentación de la nueva campaña del Domund en PonferradaANA F. BARREDO

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Ponferrada

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«La misión es devolver la esperanza y ayudar a las personas a descubrir que sus vidas valen la pena», viene a resumir la experiencia de la misionera Alphonsine Kitumua. Una labor que también tiene rostro berciano con 28 misioneros del Bierzo trabajan hoy en distintos lugares del mundo, acompañando a quienes más lo necesitan. Con motivo del centenario del Domund, la diócesis de Astorga llama a la solidaridad para recordar que la misión no entiende de fronteras y que cada pequeño gesto puede contribuir a cambiar vidas.

En este contexto, Ponferrada ha acogido un encuentro con Alphonsine Kitumua, natural de la República Democrática del Congo, que acumula cuatro décadas de vida religiosa y una amplia experiencia misionera en África, Asia y América Latina. Durante su intervención, ha compartido algunas de las vivencias que han marcado su trayectoria y que muestran cómo la misión se concreta, sobre todo, en estar al lado de las personas.

La experiencia de Kitumua en países como China, Japón, Venezuela y Camerún le ha permitido conocer realidades muy diferentes. En China, ha recordado el trabajo de una religiosa que acompañaba a personas enfermas de lepra y compartía con ellas momentos de oración y convivencia. También ha relatado su visita a centros de atención a personas con discapacidad, donde los gestos más sencillos se convertían en oportunidades para ofrecer cariño y cercanía.

En Camerún, cerca de la frontera con Nigeria, las misioneras acompañan a menores refugiados que han sufrido la violencia de Boko Haram. Muchos han vivido experiencias traumáticas, como la pérdida de sus familiares o situaciones de extrema violencia. Ante esta realidad, el trabajo de las religiosas busca ayudarles a recuperar la esperanza, superar el dolor y reconstruir sus vidas.

Alphonsine Kitumwa, religiosa congoleña de las Misioneras de Cristo JesúsANA F. BARREDO

«El trabajo de las hermanas es devolver la esperanza», ha explicado Kitumua al recordar la importancia de acompañar a estos niños para que puedan seguir adelante sin odio ni resentimiento. Para ella, estas experiencias reflejan una de las dimensiones esenciales de la misión: estar presente cuando las personas atraviesan situaciones difíciles y recordarles que no están solas.

Su paso por Venezuela también le enseñó el valor de la cercanía con las familias más vulnerables. A través de comedores y actividades de apoyo escolar, las misioneras atendían a niños y acompañaban a sus familias en entornos marcados por la pobreza y la violencia. En ocasiones, ha señalado, la labor consiste simplemente en escuchar, compartir el sufrimiento y ofrecer un espacio de confianza.

Kitumua ha insistido en que la labor misionera no corresponde exclusivamente a sacerdotes y religiosos, sino que también implica a los laicos. Todos los bautizados están llamados, a su juicio, a transmitir el mensaje cristiano mediante sus acciones cotidianas, especialmente en una sociedad marcada por las divisiones y los enfrentamientos.

La religiosa ha defendido la necesidad de construir puentes de unión y reconciliación, tanto en las familias como en la sociedad. En este sentido, ha recordado que muchas veces no hacen falta grandes discursos, sino gestos capaces de devolver la dignidad a quienes se sienten olvidados.

213 misioneros vinculados a la diócesis de Astorga

La coordinadora de la Delegación de Misiones de la diócesis de Astorga, Loli Rodríguez, ha puesto cifras a esta realidad. Actualmente, la diócesis cuenta con 213 misioneros, entre ellos 28 bercianos que desarrollan su labor en distintos países del mundo. Según los datos facilitados durante el encuentro, en las últimas dos décadas se ha reducido considerablemente el número de misioneros vinculados a la diócesis.

Rodríguez ha explicado que el crecimiento de las comunidades cristianas en territorios de misión, especialmente en África y Asia, ha incrementado también las necesidades de financiación. Los misioneros no solo desarrollan labores de evangelización, sino que participan en proyectos educativos, sanitarios y sociales, además de acompañar a personas que viven situaciones de vulnerabilidad.

Por ello, la Delegación de Misiones anima a los ciudadanos a colaborar con sus donativos, cada uno según sus posibilidades. La recaudación de la campaña del año pasado rondó los 42.000 euros en el conjunto de la diócesis de Astorga, aunque las colectas han descendido en los últimos años.

Entre los factores que explican esta evolución se encuentran el envejecimiento de la población, la dispersión territorial de la diócesis y las dificultades para mantener algunas iniciativas tradicionales de recaudación, como las cuestaciones infantiles.

Loli Rodríguez, responsable de la Oficina Diocesana de Misiones, José María Vecillas, delegado diocesano de Misiones y Alphonsine Kitumwa, misionera congoleñaANA F. BARREDO

El centenario del Domund permite recordar los orígenes de esta iniciativa, vinculada al trabajo de Pauline Jaricot, una laica francesa que en 1822 promovió una red de oración y pequeñas aportaciones económicas para apoyar a los misioneros. La obra fue reconocida como pontificia en 1922 y, en 1926, se impulsó la celebración del Domingo Mundial de las Misiones, conocido popularmente como Domund.

Un siglo después, el objetivo sigue siendo movilizar la oración y la solidaridad para sostener el trabajo misionero en todo el mundo. La ayuda económica contribuye a mantener proyectos que abarcan desde la construcción de escuelas y hospitales hasta la atención a menores, familias y comunidades que carecen de recursos básicos.

Desde la diócesis de Astorga, el llamamiento de este domingo busca recordar que la misión no termina en las parroquias ni se limita a quienes parten a otros países. También se expresa en la colaboración de quienes, desde sus comunidades, contribuyen a que esa labor pueda continuar.

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Porque, como ha transmitido Alphonsine Kitumua a través de sus experiencias, incluso el gesto más pequeño puede convertirse en una forma de acompañar, compartir y devolver la esperanza. Una vocación que mantienen viva los 28 misioneros bercianos repartidos por el mundo.