Una artista berciana explora en su obra los límites de la intimidad en la era digital
Lucía Gómez presentó en el open studio de Nebot, en Madrid, los avances de una pieza audiovisual e interactiva inspirada en las muñecas Pixel Chix, con la que analiza la influencia de las redes sociales en la construcción de la identidad

La creadora berciana junto a uno de sus proyectos, compuesto por una silla ginecológica intervenida y una pantalla que detecta los movimientos del espectador
La intimidad, la exposición en redes sociales y la mirada del otro son el punto de partida de la nueva investigación artística de Lucía Gómez, artista berciana afincada en Madrid que trabaja en una obra audiovisual e interactiva inspirada en un juguete infantil, las Pixel Chix. A través de este imaginario, reflexiona sobre cómo la cultura digital y los algoritmos condicionan la forma en que mostramos nuestro cuerpo y construimos nuestra identidad.
El pasado viernes, Gómez compartió en el open studio de Nebot, en Madrid, fotografías y prototipos de este proyecto todavía en desarrollo, junto a parte de su trabajo anterior.

La propia artista en la pantalla de su proyecto
La propuesta continúa una línea de investigación que la artista ha desarrollado durante los últimos años, centrada en el género, la identidad femenina y las formas en que el entorno social y digital influye en la percepción del cuerpo. En su trabajo más reciente, Gómez se interesa por la exposición constante en internet y por cómo la búsqueda de atención y visibilidad puede modificar nuestra manera de presentarnos ante los demás.
La nueva obra parte de la cultura visual asociada a las redes sociales y de la mirada voyeurística para plantear preguntas sobre los límites de la intimidad. La artista explora cómo las personas pueden llegar a interiorizar la presencia de una audiencia desconocida y adaptar su comportamiento a ella. En este contexto, el algoritmo se convierte en una figura invisible que condiciona qué imágenes se muestran, cómo se presentan y cuáles consiguen mayor visibilidad.
El proyecto se encuentra todavía en una fase inicial, por lo que el público todavía no puede contemplar la pieza interactiva terminada. En su lugar, Gómez mostró fotografías, referencias visuales y prototipos que permiten conocer el universo estético y conceptual que está construyendo antes de desarrollar la obra definitiva.
Esta investigación da continuidad a algunas de las cuestiones que Lucía Gómez ya abordó en Cybercunt, una instalación anterior compuesta por una silla ginecológica intervenida y una pantalla que detecta los movimientos del espectador.
Aunque se trata de obras diferentes, ambas exploran la exposición del cuerpo feminizado en el entorno digital, los límites de la intimidad y la influencia de la mirada ajena. Si en Cybercunt la artista plantea un juego en el que el espectador se convierte también en objeto de observación, su nuevo proyecto, inspirado en las muñecas, amplía esta reflexión a través de un imaginario vinculado a la cultura visual y las redes sociales.

Gómez frente a Cybercunt
Su trayectoria artística comenzó con una formación en Bellas Artes y creación digital en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid. Aunque inicialmente se inclinaba por el diseño gráfico y las posibilidades del arte digital, el contacto con la pintura durante la carrera despertó su interés por la práctica artística. Sus primeros trabajos abordaron cuestiones de género y las dinámicas de poder en el ámbito doméstico, con especial atención a la violencia intrafamiliar y a la posición de las mujeres en los espacios privados.
Posteriormente, durante el máster de investigación y creación artística de la Universidad Complutense de Madrid, amplió su campo de estudio hacia las redes sociales y la construcción de la identidad en los entornos digitales. Esta evolución también se reflejó en los formatos empleados: de la pintura pasó a desarrollar instalaciones y piezas escultóricas, incorporando nuevos lenguajes para abordar sus inquietudes.
La presentación tuvo lugar en Nebot, un estudio colectivo situado en Carabanchel que reúne a siete artistas de distintas disciplinas. El espacio nació el año pasado por iniciativa de un grupo de jóvenes creadores que buscaban un lugar compartido para desarrollar sus proyectos y que, con el tiempo, comenzaron a organizar sus propias exposiciones y encuentros abiertos al público. El open studio propone un acercamiento al trabajo artístico desde el proceso creativo, más allá de las obras terminadas.
Además, Gómez ahora también ha dado un salto al mundo musical y está dando sus primeros pasos en explorar la música como parte de su interés por el ámbito audiovisual.
Con esta propuesta, la artista berciana abre una nueva etapa de investigación en torno a la intimidad y la identidad en la era digital, dos cuestiones que atraviesan un proyecto en el que la mirada ajena y la exposición pública se convierten en herramientas para cuestionar cómo nos construimos y nos mostramos ante los demás.