Diario de León

Cupa Group, la empresa líder mundial que sostiene el empleo en las comarcas rurales

La compañía emplea a más de 1.600 personas en las provincias de León, Lugo y Orense, generando actividad económica en su entorno con la competitividad y el relevo generacional entre sus retos

Plantas de transformación de Cupa Pizarras en San Pedro de Trones.

Plantas de transformación de Cupa Pizarras en San Pedro de Trones.dl

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Ponferrada

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La despoblación, el envejecimiento y la dificultad para encontrar trabajadores condicionan el futuro de las comarcas rurales del noroeste. En los valles del Sil y de La Cabrera, en León, y en Valdeorras y O Courel, en Galicia, la extracción y transformación de pizarra es el motor económico de estos territorios. Cupa Group opera en ellos con seis explotaciones y doce plantas de transformación, además de otras actividades vinculadas a la distribución de piedra natural, bajo la marca Cupa Stone, con sede social y logística en El Bierzo.

Desde sus orígenes en la pizarra, Cupa Group ha experimentado una profunda transformación hasta convertirse en una compañía global con empresas propias en nueve países. Javier Fernández, hijo de uno de los fundadores de Cupire Padesa, ha liderado esa evolución durante 23 años como consejero delegado. En julio asumió la presidencia ejecutiva y cedió el puesto a Eduardo Mera, quien, al frente del área de negocio de pizarra durante trece años, dirigió una etapa clave en la expansión comercial de la empresa, consolidando su liderazgo mundial. 

La actividad del grupo se extiende también a otras zonas rurales del noroeste, como Aliste, en Zamora. En el conjunto de estos territorios, ubicados en la periferia entre Castilla y León y Galicia, Cupa Group concentra más de 1.600 empleos directos. A ellos se suma una red de proveedores y empresas de servicios que, según los cálculos de la compañía, genera alrededor de cinco mil empleos indirectos. Suministros industriales, talleres, transporte, mantenimiento y hostelería forman parte de una cadena de valor asentada en los municipios de su entorno. 

Mantener esta actividad en el territorio depende de la evolución de un sector que afronta desde hace varios años un escenario complejo. Desde 2022, la demanda de pizarra se ha contraído en sus principales mercados especialmente por el bajo ritmo de construcción en Europa. La rehabilitación, sin embargo, ha permitido compensar la caída y mantener estables los volúmenes de venta. En los primeros siete meses de 2026, las exportaciones de pizarra descendieron un 1,9%, aunque algunos mercados ya muestran una evolución positiva. Francia, principal destino, creció un 5%, mientras Estados Unidos incrementó sus compras un 35%. 

«El contexto sigue siendo complejo, pero la evolución de los últimos meses apunta a una mejora», afirma Eduardo Mera, en conversación con este periódico. Estados Unidos se perfila como el mercado con mayor potencial, tanto por la demanda tradicional de cubiertas como por el crecimiento de la pizarra en fachadas. Reino Unido continúa siendo otro mercado estratégico para la compañía, que confía en recuperar progresivamente las exportaciones. A esta situación se suma el impacto de los costes energéticos y logísticos en una actividad que exporta más del 95% de su producción y transporta por carretera prácticamente todo el producto. 

Para el consejero delegado de Cupa Group, mejorar la competitividad exige también el apoyo de las administraciones a un sector primario y exportador especialmente expuesto a esta situación, junto con un esfuerzo de las propias empresas para modernizar sus procesos y reforzar el valor del producto. En el caso de la pizarra, esto pasa por explicar sus prestaciones a arquitectos y prescriptores, desde su durabilidad hasta su condición de material natural, más sostenible que sus alternativas. «Debemos seguir promocionando las virtudes de nuestro producto, porque la competitividad no dependerá solo de la capacidad de asumir sobrecostes, también de innovar, modernizar nuestros procesos y aportar valor añadido al cliente», señala. 

Cupa Group ha invertido 18 millones de euros en automatización y seguridad en sus plantas de transformación durante los tres últimos ejercicios, y prevé destinar otros 10 millones en los próximos dos años. «Hemos visto que este es el camino a seguir, porque nos permite ser más eficientes y seguros, optimizar los recursos y facilitar el trabajo en nuestros centros», explica Mera. 

Esta transformación también cambia las necesidades de empleo, con una mayor demanda de perfiles técnicos, como electricistas, electromecánicos y especialistas en mantenimiento. A ello se suma el reto del relevo generacional, especialmente en oficios vinculados a la pizarra que no cuentan con una formación reglada específica. Para atraer a nuevos profesionales, la compañía combina la formación interna con la colaboración de centros educativos y este año ha puesto en marcha sus primeros programas de FP dual. Cupa creó en 2015 su fundación para promover el desarrollo de las zonas rurales. Su proyecto principal es Puentes de Vida. En colaboración con AFA Bierzo, organizan actividades de formación digital y envejecimiento activo que han beneficiado a más de 600 personas en 2025. A esta iniciativa se suman otras.

Formación, empleo y reducir el impacto ambiental

La dificultad para encontrar trabajadores se suma a otro problema que afecta directamente a la actividad: el absentismo. En Cupa Pizarras, las tasas se sitúan entre el 15 y el 18%, lo que supone que cerca de 300 personas falten cada día a sus puestos de trabajo. En un proceso productivo que funciona en cadena, la ausencia de personal dificulta alcanzar los niveles de producción previstos. El directivo relaciona parte del problema con la presión que soporta el sistema sanitario y los tiempos de espera para la gestión de las bajas y las reincorporaciones. 

«Administraciones y empresas debemos sentarnos, analizar el problema y buscar soluciones conjuntamente», explica. A esta situación se suma la dificultad para atraer profesionales a entornos rurales con carencias en comunicaciones, vivienda y otros servicios. Los retos para mantener la actividad en estos territorios no son solo laborales. La explotación de los recursos también plantea la necesidad de reducir el impacto de la actividad extractiva y aprovechar más la materia prima y la energía. Un ejemplo es la mina subterránea de Raniella, en el municipio leonés de Benuza. Cupa Pizarras la explota desde 2022 mediante un modelo de circularidad. En ella, los estériles generados durante la extracción no salen al exterior, sino que se utilizan para rellenar las cámaras ya explotadas.

A nivel ambiental, la compañía redujo un 15% su huella de carbono desde 2021 y trabaja para mejorar su eficiencia energética. En 2025 puso en marcha su primera instalación fotovoltaica de autoconsumo en una planta de transformación y prevé alcanzar 8 en 2030. De cara al futuro, Eduardo Mera quiere seguir desarrollando productos y mercados e incorporar más tecnología e innovación a los procesos de Cupa Group. Una evolución que parte de una realidad que la compañía reivindica: desde el noroeste es posible competir en los mercados internacionales y generar actividad económica en el territorio. «Somos la prueba de que aquí hay recursos, capacidad y talento de líder mundial».

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