Diario de León

LA FRAGUA FURIL Manuel Cuenya

El Bierzo, la vejez y la depresión

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León

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La depresión, además de mostrarse como una grave patología de la posmodernidad, es una postura ante la vida. Todos, en alguna fase de nuestra existencia, nos volvemos un poco «depres». Se nos saltan las lágrimas a la primera de cambio, y nos quedamos como atontolinados. Las circunstancias que pueden conducirnos a este aparente callejón sin salida son múltiples, y no siempre reconocibles. He ahí el problema. A veces son sólo bajos estados anímicos que se prolongan más allá de lo que uno quisiera. Pero en ocasiones es tal el bajón que no hay dios ni virgencitas ni siquiera almas de bata blanca que nos levanten el ánimo. Decía que la depresión es también una postura ante la vida porque es uno, desde sus esquemas vitales y vitalistas, quien decide si en verdad desea abandonar el pozo sin fondo en que está inmerso y salir a flote. Es el propio individuo quien, haciendo corazón de tripas, debe ansiar con todas sus fuerzas pasarse por el forro todas aquellas adversidades que le están impidiendo pensar con claridad, mirar el asqueroso mundo con ojos de belleza, relativizar la suciedad, reírse de las infamias, sobreponerse al dolor, soportar como un estoico la crueldad de la vida, saborear los placeres que procura este valle de rosas de sanatorio, descojonarse de uno mismo, en definitiva. Tomarse en serio la realidad es harto peligroso. Lo mejor es darse un respiro. Respirar aire humorístico. Condimentar la vida con ironía. Reírse a carcajadas si ha menester. En el Bierzo parece que la depresión hace estragos entre la población anciana. Las investigaciones y sobre todo las estadísticas, que siempre son un poco traicioneras, nos dicen que uno de cada cuatro ancianos padece síntomas de depresión en el Bierzo. Vaya panorama de apagones y oscuridades se nos avecina. Es entonces cuando se nos cae el mundo encima como una lápida mortuoria. Y la vida, nuestra vida, se nos antoja insípida, tonta, vomitiva. A la vejez, viruelas. Así es esta existencia salvaje, evolutiva, cíclica. La vejez es ley de vida, aseguran los entendidos en el asunto. Pues vale. Tomémosla como tal. Seamos optimistas. La eterna juventud está aún por venir. La eterna juventud quizá sólo sea una ilusión trascendental. Cuenta la Celestina que «la vejez no es sino mesón de enfermedades... llaga incurable, manzilla de lo pasado, pena de lo presente, cuydado triste de lo porvenir, vezina de la muerte...». Todos somos, en realidad, vecinos de la muerte. Mas no por eso vamos a vivir angustiados y deprimidos. Antes al contrario, vivamos con alegría hasta los momentos más penosos. La vida ante todo.

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