Diario de León

Los artificieros explosionan en Montes una vieja granada de la Guerra Civil

Bombazo en el monasterio

El eco de la detonación retumbó en todo el Valle del Silencio y durante unos segundos el recuerdo de tiempos más agitados rompió la tranquilidad de la Tebaida berciana.

Publicado por
Carlos Fidalgo Redacción - PONFERRADA.
Ponferrada

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Alguien la olvidó allí hace al menos sesenta años. Escondida entre una viga podrida y una pared cubierta por una hiedra centenaria, la aparición de una vieja granada durante las obras de restauración del Monasterio de Montes movilizó ayer a un equipo de artificieros del Cuerpo Nacional de Policía, que viajó desde León hasta lo más recóndito de la Tebaida berciana para eliminarla. Los obreros habían estado trabajando en la misma pared donde apareció el artefacto la tarde anterior, incluso dieron varios golpes en los restos de la viga sin reparar en la presencia de la pequeña bomba de mano oxidada, que con los años había adoptado un color similar al de la madera. «Llovía tanto que no llegamos a verla, ha sido esta mañana cuando nos hemos dado cuenta de lo que era», relataba ayer Teodoro Salamanca, uno de los obreros que descubrió la granada. Inmediatamente abandonaron el trabajo en la pared donde retiraban la hiedra, en el exterior de lo que fueron las cocinas del monasterio, y sin tocar el artefacto, avisaron a la Comisaría de Ponferrada. Dos artificieros de los Tedax de León llegaron a última hora de la tarde a Montes y tras inspeccionar la granada decidieron provocar su detonación en un hueco abierto en la tierra, junto al aparcamiento del monasterio. La granada tenía el suficiente explosivo como para haber mutilado al menos a una persona, aunque después de sesenta años, difícilmente hubiera estallado sin la ayuda de la pequeña carga explosiva que le adosaron los dos especialistas de la policía. La detonación dejó un eco extraño en un lugar legendario por su silencio. Alteró la tranquilidad y sirvió para constatar que los montes que una vez sirvieron de refugio espiritual a los mojes también debieron cobijar en su día a huidos y a guerrilleros. Y que incluso los lugares más sagrados no están libres de los sonidos de la guerra.

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