MEPIROLAUNI Jorge Villa
Ah, y vino Luis del Olmo
La semana pasada los estudiantes de forestales y de agrícolas del campus de Ponferrada celebraron, como todos los años, el día del árbol. Una perfecta excusa de asidrada y etílica romería bucólica para yacer en el verde, entablar nuevas amistades, enamorarse y disfrutar de esa alegría de vivir que nos otorgaba el temporal. Un paréntesis a la cuaresma en la que se desprende misura por doquier y añoranzas de una primavera que parecía no llegar jamás. Sin embargo, este año la fiesta verde nació atragantada. Esta metáfora homenaje a la naturaleza brotó maldita y atrofiada por culpa de las acciones contra natura que un cow-boy matón y cacique, hermano malasombra y chulesco donde los haya, y sus secuaces -gracias al don, José María, nosotros mismos- se empeñan en cometer amparándose en lo que denominan paz mundial. Y como todos aquellos extraordinarios acontecimientos que suceden durante una vida, la memoria de uno jamás olvidará detalles nimios y particulares que siempre relacionará con el grupo de impresentables a quienes dio por bombardear sobre miles de personas inocentes del oriente medio. Igual que mi padre se acuerda perfect amente de lo que hacía cuando las radios anunciaron el asesinato de Kennedy o por donde iban sus pensamientos cuando un tal Neil Amstrong pisó la luna (Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad); igual que los ingleses (quien lo diría) conmemoran anualmente el fin de la Gran Guerra portando una amapola marrón en la solapa -alguien dijo que, ese día, de las trincheras abandonadas y llenas de cadáveres brotaron, como una esperanza, este tipo de florecilla entre el lodo-; igual que las miles de anécdotas que surgen asociadas a la hemeroteca popular, yo jamás me olvidaré de que mientras esperaba la maravillosa fiesta del árbol a las puertas del Campus Universitario; mientras soñaba con que a Pino y a Gaspar les diera por llevar la gaita y el djembé y ambientaran talentosamente tan mítico día; mientras imploraba que la niña tal este día no se sintiera deprimida y me mirara con sus ojazos; mientras rezaba por una tarde de campo como la del año anterior, olvidando por un día el encabronamiento constante que me ofrecen las asignaturas que imparten (o, mejor dicho, desimparten) los profesores (femenina también hayla) más incompetentes; mientras rezaba porque un milagro evitara la surrealista acepción de guerra preventiva, el matón de Tejas dio un pequeño paso hasta un teléfono que supone el mayor paso atrás de la humanidad. Porque esa madrugada EEUU, Gran Bretaña y España atacaron Iraq y lo que te rondaré. ¡Ah, por cierto!, y esta semana paró por aquí Luis del Olmo.