La desidia de la Junta, políticos y sindicatos da cobertura a la fuga de uno de los mayores proyectos industriales de los últimos tiempos, el de la multinacional vidriera Vitro
El macroproyecto de Vitro se aleja de El Bierzo sin reacciones sociales ni políticas
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La que está a punto de perderse en el Bierzo, la de la multinacional Vitro para fabricar vidrio, triplica ese volumen. Pero ni instituciones, ni políticos, ni sindicatos, no ya comarcales, sino provinciales, han otorgado mayor relevancia a probable «fuga» del superproyecto a Asturias. La historia de la pérdida de los 108 millones de euros que inicialmente invertiría la multinacional mexicana para producir vidrio a gran escala se escribe en 206 días. Desde el 25 de agosto del año pasado, cuando este periódico desveló el interés del grupo Vitro por abrir en España un «float» -una especie de alto horno- para abastecer de vidrio al mercado europeo a través de sus plantas de transformación en el Bierzo. No se trataba de una hipótesis gratuita. Porque a las 24 horas el propio consejero de Industria de la Junta de Castilla y León, José Luis González Vallvé, sin lanzar las campanas al vuelo, admitía haber visitado las factorías de Vitro Cristalglass junto a altos ejecutivos del conglomerado y haber abordado someramente la materialización del macroproyecto. «Echaremos el resto para captarlo», afirmó entonces. Una aseveración que ahora parece poco fidedigna a tenor de lo que destilan los acontecimientos que se han sucedido desde el pasado 19 de marzo, cuando este mismo rotativo advirtió de las avanzadas conversaciones de Vitro con el Gobierno asturiano para abrir su float -en el 2005- en el municipio de Pola de Lena. La magnitud de la inversión en el horno vidriero que promoverá Vitro multiplica casi por diez la que ha realizado otra multinacional, la danesa LM Glasfiber, para crear en Ponferrada la mayor factoría de palas eólicas del mundo. Y supera en diez millones de euros al conjunto de inversiones realizadas en el Bierzo en los últimos cinco años por la más de una treintena de empresas que han solicitado subvenciones, por ejemplo, en el marco del plan de reindustrialización de Endesa. Además, aunque inicialmente en la puesta en marcha del horno se barajaría el empleo directo de unas 150 personas, fuentes relacionadas con el sector calculan que los puestos de trabajo a medio plazo en una instalación de este tipo podrían acabar rebasando los cuatrocientos. Por no hablar de la ocupación inducida. Pese a estas señas tan trascendentales no sólo para la economía comarcal, sino en el contexto industrial de la provincia, lo cierto es que el anuncio de la captación del proyecto por parte del Principado no ha inmutado especialmente ni a la Junta de Castilla y León -que espera que escampe el tenue temporal-, ni tampoco a los partidos políticos, ni a los sindicatos. La acción reivindicativa en el Bierzo ha sido débil y en la provincia casi nula. Nada que ver con otras movilizaciones socioindustriales, o con las que se han desarrollado recientemente en La Bañeza,, con el respaldo de todo un pueblo, para lograr el circuito de velocidad. Y si bien el propio consejero González Vallvé se ha encargado siempre de remachar lo obvio, que la decisión del emplazamiento final del horno es soberanía de la multinacional, no parece que las gestiones de la Junta hayan pesado demasiado frente a las del Gobierno Areces. Aunque paradójicamente, en algunos círculos económicos lo que se sospecha es que la instalación en Pola de Lena estaría teledirigida desde las altas esferas del Ejecutivo central. A favor de la inversión en el Bierzo parecía jugar un papel crucial el hecho de que los dos principales centros de transformación de Vitro en España se localicen en Camponaraya y en Villadecanes-Toral. Dos fábricas, más una tercera planta en Fuenlabrada, que eran el núcleo duro de la antigua Cristalglass, la firma que los mexicanos adquirieron -el 60%- hace casi dos años a sus fundadores, los hermanos Prado Ovalle. Según se sigue especulando, por algo así como 70 millones de euros. Ahora tras el desembarco azteca, Vitro Cristalglass emplea ya en el Bierzo a 450 trabajadores y sus ventas crecieron durante 2002 un 20%. Hasta rozar los 80 millones de euros. Todo, sin embargo, aparenta estar perdido. Sólo el murmullo que provocó la intervención del consejero de Industria en las Cortes a instancias de sendas preguntas de la UPL y el PSOE, y después de que el presidente Herrera en una visita a Ponferrada el 22 de marzo comprometiera su apoyo personal al proyecto, ha abierto una rendija a la esperanza de que el horno todavía pueda acabar instalándose en el Bierzo, a la vera de las plantas de manufacturación. Aunque Vallvé significó que la multinacional es proclive a la opción asturiana por la cercanía de un puerto de mar, los propios directivos de Vitro han matizado que esta ubicación tampoco es definitiva, y que incluso miran de reojo a Portugal donde acaban de adquirir Vidraira Chaves.