Diario de León

LA FRAGUA FURIL Manuel Cuenya

El monucine

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León

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El monumento al cine, o el «monucine», como me ha dado en llamar a esta obra pública, municipal, estará listo en breve en la ciudad de Ponferrada, que poco a poco comienza a ser una ciudad conocida en toda España. Ojalá algún día la capital del Bierzo llegue a ser conocida en el mundo entero por el cine. Y el Bierzo entero se transforme en un enorme y mágico plató en el que poder rodar grandes pelis. Ojalá la Escuela de cine se convierta en una Facultad como la Universidad del cine que hay en Buenos Aires. Mientras tanto sigamos trabajando con todos nuestros esfuerzos. Que nuestros sueños se hagan realidad, una vez más. Nos encanta soñar. Recordemos que el cine es una fábrica de sueños. Y que los sueños siguen alimentando nuestra vida. ¿Qué sentido tendría una vida en la que los sueños no tuvieran cabida? Olvidémonos, por otra parte, de aquellos que nunca creyeron en que un día Ponferrada contaría con una Escuela de cine. No tengamos en cuenta las infamias y las puñaladas traperas. Hagamos vista larga y disfrutemos de este monumento que nos brindan y que sin duda hará honor a la historia del llamado séptimo arte. Ponferrada, el ayuntamiento de esta ciudad, ha apostado fuerte porque el «monucine» sea una seña de identidad de la ciudad, una seña singular que invite a los viajeros y/o turistas a acercarse a nuestra tierra. De forma que a partir de ahora todos nos sintamos más próximos al mundo del cine. Resulta en verdad sorprendente que en pocos años la capital del Bierzo haya pasado de ser un pueblo ensombrecido y apagado a convertirse en un lugar que, cuando menos, despierte curiosidad en el visitante y residente. Y asimismo atraiga a estudiantes de diferentes puntos de la geografía española. El Campus universitario fue un gran acierto para esta ciudad. Aunque Ponferrada nunca haya sido una ciudad realmente bonita, no nos engañemos, su entorno es de una belleza extraordinaria. Qué «parajódico». Cuando era un rapacín, Ponferrada me parecía un pueblo grande y sucio, contaminado y agobiante. Uno vivía en la aldea, en las faldas de la Sierra de Gistredo, en medio de un paisaje idílico, bajo un cielo puro, nítido y casi siempre radiante, acaso en la región más transparente, que diría el genial escritor mexicano Carlos Fuentes, y cuando viajaba a la capi berciana, ésta nos parecía un monstruo hecho de hormigón y negrura como surgiendo de una espesa niebla. Uno siempre recuerda a Ponferrada envuelta en brumas. Nunca me llegó a gustar. Eso es lo cierto. Pero en los últimos tiempos esta ciudad ha progresado mucho. Y esperamos que siga creciendo en armonía con el entorno. Estamos ansiosos por ver finalizada la glorieta.

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