Diario de León

LA FRAGUA FURIL Manuel Cuenya

Alimentos congelados

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León

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Cuando uno desconoce el proceso de descongelación, decíamos en anterior columna, se puede armar un gran estropicio con los alimentos. Si dejas que la carne vaya descongelando poco a poco, durante horas, lo más probable es que haya pérdidas por goteo, como bien saben los expertos en esta materia. Y es seguro que las vitaminas hidrosolubles se vayan al carajo. Asimismo se rompen las estructuras celulares de la carne y, al final, en vez de carne de vaca alimentada en las praderas frondosas del Alto Bierzo, acabas zampando chicle insustancial, bodrio, carne sin valores nutritivos. Es como si estuvieras comiendo la suela de la zapatilla. Mientras comes esta bazofia, de paso te rascas la panza y te ríes un poco cual si estuvieras reinterpretando al gran Charlot en una secuencia de cine antológica. En estos tiempos de bonaza económica, según nuestros políticos más avispados, y en el Bierzo, creo sinceramente que ya no hay una gran necesidad de abusar de los alimentos congelados, salvo que uno quiera ahorrar. En el Bierzo, sobre todo en el Bajo, se pueden tomar alimentos muy fresquitos en todas las estaciones del año, sin necesidad de recurrir al congelado. Qué maravilla. Algo así nos recomienda el maestro Arguiñano. Si vives en algún país como la Gran Bretaña, Francia o Alemania, por poner algunos ejemplos, entonces si estás condenado a entrarle a los congelados. O les entras o la espichas. Tú decides. En otros tiempos, en los que la penuria era mucho más acusada por estos lares, la gente curaba la carne de cerdo, vaca, etc. No había ni una triste nevera ni un arcón donde meter los alimentos. Las heladas, que eran como para conservar a un muerto por los siglos de los siglos, mantenían la carne en un estado excelente. Y los paisanos se las ingeniaban para conservar los productos de la huerta y lo que hiciera falta. En vez de congelar, conservar, siempre del modo más natural posible, sin hacer uso de los colorantes, esas puterías que a uno no le hacen ninguna gracia. Uno prefiere los alimentos frescos antes que cualquier congelado, pero si tuviera que elegir entre conservas y congelados, me quedo con las conservas. En el Bierzo, y sobre todo en pueblos del Bierzo Alto, suelen ser frecuentes las fluctuaciones de luz, e incluso los cortes de luz. Lo cual puede acarrear consecuencias desastrosas de cara a los congelados del arcón. Cuando un alimento ha sufrido fluctuaciones de temperatura, y comienza a descongelarse, ya no debería volver a ser congelado. Y esto de los cortes de luz ocurría y aún ocurre con relativa frecuencia en las partes altas y desamparadas del Bierzo. Ustedes sabrán lo que hacen con los congelados.

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