Diario de León

MÁS QUE PALABRAS Esther Esteban

La dignidad de María

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León

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María es una indígena guatemalteca de edad indeterminada, melena negra y ojos de almendra que ha visto cumplido un sueño: tener una vivienda donde criar a sus dos hijos. El huracán Mitch la dejó sin nada y durante años toda su familia vivió en una chabola en la periferia de la capital, rodeada de miseria, hambre y enfermedad sin tener lo mínimo para una subsistencia que la dignificara como persona. Hace tres años gracias a la Secretaria de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamerica, que dirige Miguel Angel Cortes,consiguió incluirse en un programa de escuela taller y en un proyecto de construcción de 40 viviendas en pleno Casco histórico. María aprendió albañilería, fontaneria y todo lo necesario para construir junto a sus compañeros y con sus propias manos, su casa. Es una vivienda humilde pero digna, con todos los servicios necesarios para que sus hijos tengan una posibilidad real de cambiar el oscuro destino al que, inevitablemente, estaban abocados. María esta contenta, emocionada y tal vez por eso, la pasada Semana Santa apenas podía articular palabra cuando su benefactor en nombre del Gobierno Español acudió a visitarla. «Gracias a ustedes, a España, he cumplido un sueño» repetía nerviosa una y otra vez mientras mostraba con orgullo las estancias de su vivienda: la cocina-comedor, los dos dormitorios el baño y el aseo. Ahora un grupo de asistentes sociales les están enseñando a utilizar la vivienda y a organizarse dentro de la misma y en comunidad con sus vecinos. Ni ella ni sus hijos sabian cómo utilizar el cuarto de baño ni que hacer con las basuras pero han aprendido con rapidez y su casa está limpia como una patena y la cuidan como el mejor de los tesoros. El caso de María, la indígena analfabeta y pobre, es el ejemplo en carne viva de la importancia de la ayuda española en materia de cooperación. Lo que hace el Gobierno español, su ayuda a través de distintos programas, en los que participan múltiples instituciones no son actos de caridad sino de Justicia, para intentar remediar en la medida de nuestras posibilidades las terribles desigualdades que afectan a nuestro mundo y nuestras sociedades en pleno siglo XXI. Para mí como periodista y como persona ha sido un honor tener la posibilidad de ver con mis propios ojos a qué se destina parte de mis impuestos. Me he sentido orgullosa de ser española y nadie podrá borrar de mi mente los ojos de todas las marias que he conocido, sus palabras nobles, su agradecimiento sincero y su dignidad... como mujeres y como personas. En medio de la vorágine que nos inunda, de la perversión globalizadora que no ataca se ha abierto para mí un hueco a la esperanza.

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