Diario de León

MEPIROLAUNI Jorge Villa

El día de la madre y la suegra

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León

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Aquello de «Madrecita del alma querida...» que cantaba Machín a ritmo de bolero, se nos olvida a menudo y por ello existe un día dedicado a homenajear a esas estoicas que nos trajeron al mundo y que siempre están cuando se las necesita, que sufren tanto o más que nosotros nuestras desdichas y que son capaces de lo más heroico e imposible con tal de proteger a sus vástagos. Pasado mañana, primer Domingo de mayo, celebramos el día de la Madre y todo este preámbulo que puede parecer hortera y sensiblero para muchos y excesivamente generalista para el resto, supone un pequeño recordatorio de todas aquellas mujeres que un buen día tuvieron hijos y pasaron de ser simples seres humanos con sus tonterías y debilidades, a diosas que dan vida y cumplen con el deber de mantener la misma, a veces incluso excesivamente, hasta su último aliento. Sin embargo, a pesar de que todo hijo vea a su progenitora como la mujer más maravillosa del mundo, tal staus imprime un carácter que a muchos les resulta insoportable. Porque también poseen un reverso tenebroso del que quizás no es demasiado conveniente mencionar a dos días de su celebración onomástica pero que no me resisto a sugerir. Y es que existe un aspecto matriarcal, un matiz que a algunos se les olvida cuando se avecina tan mítico día ¿Si lo mejor que hay en esta vida son las madres, porqué lo más inaguantable, odioso y elemento clave en la ruptura de muchas parejas son las suegras, quienes, por cierto, también son madres? Pues tras tantos desvelos, preocupaciones, apaños, risas, algún lloro y sacrificios, llega un día en que la hijo o hijo crece y un día decide decirles hasta luego. Muchas lo asumen, pero otras se transformarán si este alejamiento viene dado por el amor del retoño hacia otra persona. Y es entonces cuando surge la tensión, jamás resuelta, entre la pareja del hijo/hija y la madre, en una especie de disputa sinsentido por ganar la batalla del cariño. Pero el histórico y desprestigiado mito de la suegra tiende a desaparecer. Y por suerte o por desgracia, con el pasar de los años nuestras madres nos ven como aquel niño que se tiraba en plancha encima de todos los charcos y siempre llevaba los mocos colgando o como aquella zagalilla que pegaba a todos sus compañeros de párvulos. El otro día una compañera de la Escuela de Cine de Ponferrada, se dejó el móvil en un rodaje y la llamaron. Lo contesté para decir que la maña no estaba y resultó que era su madre. La señora me habló de ella como si de una niñita se tratara, con ese amor tan entrañable como alejado de la madurez que mi compi de clase muestra entre nosotros y del concepto que tenemos de ellas. Fantástico. Felicidades mamá.

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