Diario de León

LA GAVETA César Gavela

Del río Esla al río Sil

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León

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Vine a Vidanes, junto a Cistierna, a honrar la memoria del padre Isla, tal vez uno de los dos escritores más importantes de nuestra provincia, que el otro es don Enrique Gil y Carrasco. Fui por la ruta del río Esla, que es el otro gran río leonés. Sil y Esla. Padre Isla y padre Esla. Padre Gil y padre Sil. Nos juntamos en Vidanes unos cuantos escribidores de la provincia. Fue un acto hermoso y sencillo. Llegamos sobre las cinco de la tarde, en un autocar que nos recogió en León, y ya al pie de Peña Corada dimos unas vueltas entre Vidanes y Modino, por praderas fastuosas que terminaban por un lado en las aguas del Esla, por el otro entre los robledales. También había chopos y algunas ermitas. Casas de piedra y la peña pura. Luego vino el acto de homenaje a nuestro famoso predecesor, un sabio de gran valía y un hombre de su tiempo, que fue el siglo de las luces. Un intelectual de gran entereza, de altísima dignidad personal. Un jesuita ético y amistoso. Un observador de la vida y de los hombres. Un leonés oriental. Al día siguiente vino el contrapeso. Crucé del Esla al Sil. Del naciente al poniente. Del padre Isla al padre Gil. También vine en autocar, como a Vidanes, y fue por la vieja ruta, no por la autovía. Tantos años después, volví a Manzanal del Puerto, y allí me reencontré con su sabor a chacinería y a viajeros antiguos, a nieve y a gasoil. Después descendí por los barrancos del carbón hasta Torre del Bierzo, donde transité su calle carretera, que antaño fue bullir de ferroviarios, de mercaderes, de transportistas y de la guardia de Franco cuando el dictador pasaba por allí, dos o tres veces por año, camino de Meirás, todo Torre del Bierzo tomado por la Guardia Civil. Llegué a Bembibre un poco después, esa capital de un Bierzo minero y alto. Bierzo multirracial, bien avenido. Gentes del Gistredo y del Pakistán lo pueblan. Del Atlas y de los Cárpatos. De África y de los Andes. Advertí el progreso de la villa, la conveniente limpieza. Desde el autocar casi vacío, curioseé un poco por este Bembibre del carbón y de la sastrería. Del fútbol y del botillo. Del Señor (de Bembibre) y del Ecce Homo. Y así fue que llegué al Sil. Lo vi de nuevo en Ponferrada. Digno, tenaz, algo más verde. Fue entonces que sentí lo lejos que nos cae el Esla, su ribera gótica. Y cuando menos lo esperaba no pude evitar una pacífica nostalgia por Vidanes, por el padre Isla, por aquellos prados de la víspera, por aquella tierra leonesa y nítida, a la que tengo que volver. Al Esla y al Sil; a encontrar entre los dos un camino. Entre los tres. Un camino de memoria y de agua.

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