Diario de León
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Pedro González Cerezales - ponferradacorresponsal | cacabelosdl | cacabelos
León

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El sueño se acabó. Veintiún de los treinta niños provenientes de los campos de refugiados del Sáhara que pasaron dos meses en compañía de familias de acogida se fueron ayer del Bierzo para volver a su país. Atrás quedan días de piscina, de convivencias, de merendolas, y de helados, porque para estos niños, el simple hecho de bañarse en un río o comer un helado es una experiencia inolvidable, ya que en su tierra natal, las dunas y las rocas erosionadas del desierto sustituyen a los arroyos y los bosques de la comarca, y los helados son cambiados por dátiles. Pero no se fueron con las manos vacías. Ropa, alimentos y algún que otro juguete se pudieron ver en el maletero del autocar que les llevó a Valladolid, ciudad donde tomaron el avión al Sahara. Sin embargo, lo que más recordarán de sue estancia en el Bierzo será el cariño de sus familias bercianas, y la promesa de que irán a visitarlos en Navidades, en un viaje organizado por la institución encargada de estos desplazamientos, la Asociación del Pueblo Saharahui del Bierzo. Salam es un niño de doce años que volvió ayer a su hogar. Ha vivido en Cacabelos junto a Begoña y otra familiar, por segundo año consecutivo. En estos dos meses han visitado el Castillo de Ponferrada, Las Médulas, e incluso han hecho una pequeña escapada a la playa . Siempre que podía, jugaba en la piscina con otro niño de acogida del cercano pueblo de Villadecanes. En el momento de la despedida, dijo que echaría de menos el Bierzo, y que intentaría volver, porque su tía le dejaba, pero «los Otros», (la organización que se ocupa del programa de acogida), no querían que volviera. Y es que el caso de Salam es complicado. Al tener doce años, los niños de menor edad tienen preferencia para acceder al programa. Pero el es huérfano, y en los campamentos únicamente tiene a una tía como pariente cercano. Su familia de Cacabelos intentará que vuelva el año que viene para operarle, pues tiene los tímpados perforados por el viento arenoso del desierto, un mal muy frecuente en los saharahuis. De todos modos, no todos los niños se fueron ayer. Nueve de ellos partirán hoy, pues su vuelo saldrá a lo largo de la tarde, así que tendrán la ocasión de disfrutar un poco más del agua y de los helados.

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