El botillo
LAS MADRES DE antes, y las de ahora si hace falta, de un retal hacían una camisa, de un farrapo una alfombra y de lo que sobraba cuando era pecado tirar la comida, esos alimentos residuales unidos a la escasez como la paella, nacida por falta de agua.También el botillo. Ya tenemos los primeros festivales del botillo, con sus mantenedores y demás ritual, no tan rumboso como el de la matanza maragata, que dura cuatro días, más parecido el de Puebla de Lillo y la mata del gocho de Isoba, donde al parecer todavía quedan buenos maestros en el arte cisoria. Aunque me consta que es posible oficiar de mantenedor del botillo sin probarlo ni en tan señalada fecha, pienso que también están las tradiciones, las experiencias compartidas, los viejos sabores nunca olvidados. Cuando la Unión Deportiva Noceda invitó a botillo en Luxemburgo a una nutrida representación de eurodiputados de toda procedencia y condición, supe también que el botillo gusta por sí mismo; superada la inicial perplejidad al explicarles que el sofista Antifón fundaba la igualdad de los humanos en que todos comen con las manos, el homenaje al botillo fué unánime y exhaustivo, es cierto, pero si se le añade un poco de memoria, algo de ternura y una pizca de nostalgia de otro tiempo, sabe mucho mejor. He aquí mi experiencia personal: fuí niño en una casa cimentada en la paz, abierta a las praderas, rica en solidaridad, donde siempre hubo un sitio para hombres y animales, sin preguntar motivos ni exigir credenciales. Cuando el aliento frío de Gistredo arreciaba y atería la veiga el rigor de la escarcha, buscaban los fuyacos los inquietos pardales y olfateaba el cerdo la muerte en los corrales. Abrían los erizos en las bodegas frías y el orondo botillo sudaba en las cocinas de antes junto al rojo chorizo y la oscura cecina. Recuerdo aquella mesa, sólida, interminable, donde cabíamos todos sin que sobrara absolutamente nadie. Presidía mi abuelo desde el robusto escaño y allí estaba el botillo, llenando cada plato ; aún recuerdo su aroma, aún me nubla aquel vaho ysiento en la distancia aquel calor humano, refiguo de mi infancia. Este es el primer recuerdo que guardo del botillo, manjar de indudable artesanía popular, residual y sencillo, que remueve los posos de la melancolía dormida entre los pliegues de la memoria mía....