| Reportaje | Secuelas de guerra en Fabero | LA OPINIÓN DEL PÁRROCO
Heridas del 36 aún sin cicatrizar
El párroco faberense defiende la reposición en la iglesia de la lápida por los muertos del bando vencedor en la guerra, y los vecinos se muestran indiferentes ante la polémica

Máximo Álvarez, párroco de Fabero, defiende su solución
«Durante toda mi vida he defendido los derechos de los más débiles, no me he caracterizado por ponerme de parte del poder. En la dictadura critiqué con dureza a Franco en la iglesia; si no acabé en la cárcel fue porque lo único que hizo el alcalde de Zamora fue salirse del templo». Con estas palabras, el párroco de Fabero, Máximo Álvarez, se defendía ayer de las críticas vertidas por los miembros de IU tras la reposición en la fachada de la iglesia de San Nicolás de una lápida en recuerdo de parte de los muertos durante la guerra. La esquela, que resulta casi ininteligible -como la memoria de los que hoy tienen la «suerte» de contar de primera mano los años de la guerra- no es hoy para la mayoría sino un recuerdo difuso de la tragedia del 36. «Con la historia que tengo detrás, creo que estoy en mi derecho de pensar que esta lápida no es más que un documento histórico», asegura el párroco. La mayoría de los habitantes de Fabero parecen indiferentes ante la polémica creada por IU. Además, Máximo asegura que se ha ofrecido la posibilidad de que junto a «los muertos por Dios y por España» se instaure un recordatorio de los que lo hicieron en nombre de la República. «Esta es la Casa de todos», añade. La opinión de la junta vecinal es absolutamente divergente de la expresada por el representante de la Iglesia. Para ellos, la restauración de la iglesia debería haberse utilizado para trasladar la lápida al cementerio de Fabero. «Es donde debería haberse instalado hace ya muchos años», comentan algunos de sus miembros. Y, entre ambos, surge la de una de las hermanas de los que protagonizan la historia casi setenta años después de su muerte. Manuela Laiz -«aún hoy siento como lloraba el día que se fue de casa»_ recuerda perfectamente el día que recibieron la carta en la que se les comunicaba que su hermano -22 años apenas- había muerto en el frente de Torrecilla, en Teruel. «El cuerpo de mi hermano seguirá en la fosa. A mi padre le dijo el capellán que podía ir a buscarlo, pero entonces había mucho que trabajar y no pudo», explica. Manuela no entiende porqué algunos quieren quitar la lápida de la iglesia. «No creo que pudiera pasar un sólo año sin hacerle una misa; es la manera que tengo de recodarle», dice emocionada.