Almas robadas o sin conciencia
SI FUERA cierto, tal y como creen los musulmanes, que cuando a uno le hacen una foto es como si se apropiaran de su alma, a los políticos no les quedaría ni un triste cachito en el que ampararse de cara a enderezar los senderos retorcidos de la realidad. Andarían por el mundo más desalmados que un morrillo cualquiera, que no siente ni padece. No es que uno se sienta musulmán, ni siquiera nos da por practicar sus ceremonias religiosas, mas se nos antoja que algo de verdad debe de haber en esto de hacerse fotos con la consiguiente pérdida del alma. Son los políticos, por lo general, que todo hay en la viña del Señor, seres a los que les gusta chupar cámara, cuanto más mejor, además de salir un día sí y otro también en los diferentes medios de comunicación. Cuando uno se acerca a la prensa diaria o a la televisión comarcal, no ve más que a los políticos luciendo panza y papada, dispuestos a sonreírnos desde el más allá, es como si nos hablaran desde otro mundo, su patio particular, con esa su sonrisa entre cínica y maliciosa. A cínicos no hay quien los gane. Eso es seguro. Se nota a la legua que los políticos viven mejor que los curas de antaño, aunque algunas veces tengan que aguantar algún que otro puyazo o pollazo, insultos varios, nomás. Vives mejor que un cura, se decía en otros tiempos. Hoy, en cambio, se podría decir que vives mejor que un político. El que más y el que menos, en este país nuestro, aspira a convertirse en concejal de su pueblo, y luego si se tercia la cosa, la cosa pública, uno procura ocupar alguna alcaldía importante. Pasado algún tiempo, bien asentado en la poltrona y enchufado al sistema caníbal que tenemos por bandera, puede que a uno le entren ganas de meter las narices en la Diputación provincial o el Consejo Comarcal. Eso dependerá de tus tragaderas. Y si el mamoneo te acompaña y el enchufismo te electriza el alma, el alma de político que llevas guardada en el bolsillo cual ojo de cristal, o sea el alma robada, puede que llegues a ser Senador o Presidente. Son pocos los políticos que luchan por el pueblo y para el pueblo, pues el pueblo, que no es más que rebaño, casi siempre está para obedecer y someterse a lo que digan sus líderes, sean éstos más o menos carismáticos, o más o menos resolutivos, que es lo que interesa. A una gran mayoría de políticos también les encanta salir en la foto diaria, porque a buen seguro no saben que cada vez que aparecen retratados en los periódicos pierden algunos puntos de su alma.