La gestión conjunta de fincas que estaban abandonadas abarata los costes de los propietarios LA FRAGUA DE FURIL
Los vecinos de Losada han repoblado 500 hectáreas con su sociedad forestal La Asociación Forestal de León abrirá una sede en Ponferrada Roldán reanuda hoy su actividad con la entrada en funcionamiento del primer tren de laminado En la isla mítica
La asociación, creada hace tres años, es una alternativa a las concentraciones parcelarias

Un operario de Roldán junto a acero ya tratado en la factoría
La emigración ha dejado a la localidad de Losada, en el municipio de Bembibre, con menos de un tercio de la población que tenía en los años sesenta. Menos gente viviendo implica menos gente para trabajar el campo, tierras abandonadas, maleza abundante y riesgo de incendio. Desde hace tres años, sin embargo, los vecinos están invirtiendo la situación después de que se unieron para crear una asociación forestal propia y hayan conseguido repoblar unas 400 hectáreas de terreno de la Junta Vecinal y otras 60 de fincas particulares a las que ya no se les concedía ninguna utilidad. «Lo que no se cuida, se pierde en dos años. Algunas eran antiguas tierras de labranza», explica el pedáneo de la localidad y promotor de la idea, José López Álvarez. Sociedades como las de Losada, una de los primeros que funciona en el Bierzo e integrada en la Asociación de Propietarios Forestales de León, suponen además una alternativa a los procesos de concentración parcelaria que promueve la Junta de Castilla y León en zonas minifundistas como la localidad bembibrense y que encuentran dificultades con demasiada frecuencia. Otra de las ventajas de la gestión conjunta de las extensiones forestales es el abaratamiento de los costes de mantenimiento. Asesorados por la empresa Senfornor Medioambiente, la labor del centenar de propietarios asociados de Losada, que proyectan continuar reforestando al menos otra extensión similar, garantiza la permanencia de las labores de limpieza y de poda de las extensiones repobladas más allá del periodo de cinco años que financian las subvenciones de la administración. De momento, la venta de madera aún no se contempla como una actividad del todo rentable por el alto coste del «entresacado» o tala selectiva de los pinares. «Estamos vendiendo oxígeno», dice Álvarez. El potencial forestal del Bierzo ha llevado a la Asociación Forestal de León (Asfole) a marcarse como uno de sus objetivos para este año la apertura de una sede en Ponferrada. Entidad catalogada sin ánimo de lucro, Asfole tiene en la actualidad más de 850 socios en toda la provincia y nació en 1986 para buscar soluciones al minfundio que lastra la gestión forestal. La asociación ofrece asistencia técnica para mejorar la producción forestal defendiendo el desarrollo sostenible y ejerce de intermediario con la administración a la vez que apoya la investigación en el sector. La factoría acerera tiene previsto reiniciar hoy su actividad productiva tras el parón provocado por la reciente huelga en Acerinox, con la entrada en funcionamiento del primer tren de laminado. Los suministros recibidos desde la planta de Acerinox en Campo de Gibraltar hará posible que los primeros 28 trabajadores afectados por el expediente de regulación temporal de empleo al que se ha visto obligado a recurrir la empresa, se reincorporen a sus puestos. A lo largo de la semana, también retomarán su actividad normal el resto de la sección de laminado, según las previsiones de la dirección de la filia de Acerinox en el Bierzo. La factoría podría funcionar a pleno rendimiento antes de lo que en principio preveían sus responsables. Tras la sección de laminado, serán las de decapado y las de acabado las que se reincorporarán a sus puestos de forma paulatina, poniendo fin a un ajuste temporal de empleo que ha afectado a más de doscientos cincuenta trabajadores. Los 28 operarios que tienen previsto reincorporarse hoy se sometieron al ajuste el pasado 26 de febrero, cuando la huelga en Acerinox ya había cumplido tres semanas. Ninguno de los miembros de la plantilla sometidos al expediente ha perdido poder adquisitivo tras el compromiso de la dirección de aportar el porcentaje del sueldo que no cubre la administración. LUEGO de unos días en la isla mítica, uno regresa al Bierzo como atolondrado. Y no hace más que tiritar de frío. El frío se clava en tu cuerpo-alma como un cuchillo jamonero. Vuelve uno a encontrarse con el rostro brumoso de su verdad y la morriña de su carácter. Resulta difícil regresar al Bierzo, aunque sea nuestra tierra madre, tierra venerada, cuando uno ha disfrutado de un clima afectuoso y una gente entregada, amable, tierna. Cuando uno viaja a Cuba -me dice el amigo Abel, que hace tiempo vive en Gales- ya no quiere regresar a la Europa de los muertos. Y no le falta razón. Vivimos en la Europa de los muertos o en el cementerio de los vivos. Vivos que están ya muertos. Y muertos que nunca lograron vivir. Como los muertos de Celama. Una semana en Cuba es como un año de vida en esta Europa nuestra, cada día más desangelada y egoísta, destemplada y gris, cuyo envejecimiento y muerte nos va devorando a pasos agigantados. A estos pasos no quedarán ni ratas por estos altos pagos bercianos. Es esta una Europa asentada en un montón de huesos y calaveras, no lo olvidemos, una Europa civilizada y sangrienta, que con los años ha vuelto a mostrarnos su cara sombría, su esqueleto de gran tumba, en la que nos revolcamos los miserables, los cerdos pequeño-burgueses, la marquesada andante y los tiburones podridos de guita, que no saben qué hacer con sus vidas de cerdos-muertos. Algunos también se acercan al Caribe esperando encontrar esa luz y esa vida de la que carecen en sus terruños. Pero como son un cerdos-muertos nunca encontrarán la luz espiritual. Vivimos en una Europa de gente carámbano, esclavizada al tiempo que procuran nuestras, enganchada a nuestros trabajos. Un viaje a la isla -aunque sea un viaje relámpago- te trastoca las neuronas y te hace sentir vivo, despierto, estimulado, al menos durante algún tiempo, el tiempo que dura tu visita a esa tierra hermana, y sin embargo tan emocionante y alejada, y el tiempo que sigues levitando en las nubes de los dulces sueños vividos bajo el azul celeste y protector de los paisajes acariciadores. Ese tiempo que tardas en aterrizar de tu avión soñado, hecho de recuerdos y sentimientos, en el campo de la realidad cotidiana. Te entra una nostalgia paralizadora que te impide ver tu tierra con claridad. Es como si de repente te hubiera dado una vuelta la cabecita y anduvieras trastornado, dando tumbos por los senderos a veces retorcidos de esta vida berciana en la que también impera la ley del pastamen, y la insolidaridad como forma de vida.