Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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EN LA anterior columna me refería a los «pepperoni». ¿Os gusta la palabra? La he elegido porque me suena bien y además huele rico. A buen guiso. Que nadie se ofenda. Tiene esta palabra como una fonética muy nutritiva, que nos invita a sentarnos a la mesa dispuestos a darnos el atracón padre. Puede que hasta dé mucho juego y jugo, depende de cómo uno quiera exprimirla. Los pepperoni han dado mucho que hablar en estas últimas semanas, debido a su comportamiento asaz perverso. Nos vendieron la moto en su momento y pretendían que la tragáramos. España va bien, España es el país con mayor crecimiento de Europa. España es la reserva espiritual de esta Europa putrefacta y este mundo bárbaro en el que los muertos crecen como las amapolas. España unida jamás será vencida. Pero durante estos últimos años los nacionalismos, que siempre apuntan a la derecha, se han vuelto majaras perdidos. Nuestra España se ha ido balcanizando y agringando. Hemos perdido el norte y el sur. Oriente y Occidente. Los sociatas las mangaron pardas en su día, y los derechones nos han dejado un regusto a petróleo y algún que otro alimento en estado de putrefacción. Alimentos que nos hacen recordar aquella peli de Greenaway, «El cocinero, el ladrón, su mujer, y el amante de su mujer». La recomiendo a los violentos, tragones y antropófagos, sobre todo a estos últimos. Y a aquellos que aman el drama jacobino, cuya esencia está impregnada de venganza y crueldad o las desgracias al estilo de Shakespeare. El ladrón está que se sale en su papel de inmaculado hijoputa. Zapatero, al menos por ahora, muestra buena pinta. Su mirada es limpia y sus manos no están ensangrentadas. Desconfío, no obstante, de los políticos, aunque siempre habrá algunos que se salven de la quema. No os vayáis a creer. El afán de poder, en cualquier caso, sólo entraña podredumbre. Y uno acaba corrompiéndose en sus ansias de gloria. Así es esta vida poco o nada espiritual. Mas los fachas me producen como vómitos existenciales, y me hacen recordar aquel franquismo inquisitorial, que nos tenía a todos a raya, encerrados en la idiotez y el casticismo. Incluso en el catetismo. Quienes podían ahuecaban el ala en busca de nuevos horizontes. Hagamos memoria. Méjico, Argentina y Francia fueron refugio de exiliados republicanos. En España, dicha sea la verdad, nunca se ha perdonado ser de izquierdas. Aquí lo que hemos tenido es una guerra «incivil» y no una revolución como en Francia.

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