Diario de León

| Reportaje | Dos vidas truncadas por la mina |

Sepultados por un derrabe de recuerdos

Los dos mineros que hace un año fueron rescatados tras 48 horas enterrados en el pozo Albares arrastran duros traumas y, pese a la experiencia, apenas si se dirigen la palabra

Helder sufre hoy crudas secuelas sicológicas y penurias económicas

Helder sufre hoy crudas secuelas sicológicas y penurias económicas

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D. López - ponferrada
Ponferrada

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Un año después del rescate, el 7 de agosto de 2003, de los dos mineros los dos mineros que se vieron sepultados en el pozo Albares de Antracitas la Granja, en Torre del Bierzo, los barrenistas reconocen que su vida ha dado un giro radical. Óscar Fernández, de 33 años, prefiere evitar hablar del suceso y olvidar las casi 50 horas que permaneció sepultado tras el derrumbe de una galería, y Helder Francisco Magro, de 43 años, lamenta «la falta de ayudas recibidas a pesar de las promesas» realizadas en el momento de su rescate en la mañana del 7 de agosto. El barrenista asegura que actualmente se encuentra «muy mal, sin trabajo, sin dinero ni apoyo de ningún tipo porque no tengo ni paro, ni baja, ni retiro, ni indemnización, ni nada de lo que prometieron a pesar de que por aquí vinieron muchos políticos, pero se han olvidado de mí, todo el mundo vino a chupar pero yo no cobré indemnización ni nada». En estos momentos sobrevive «un poco con la ayuda de los vecinos que tengo en Almázcara y para pagarme el pan de cada día tengo que salir a hacer pequeños trabajos que me dan los amigos» mientras que los problemas económicos le impiden hacer frente a una hipoteca y a la deuda que le reclama una entidad bancaria. Secuelas psico-económicas Psicológicamente, el suceso «cambió totalmente mi vida», reconoce. Porque «ahora, de momento, soy incapaz de entrar en una mina y, si pudiese, lo haría porque es mi pasión pero lo he intentado varias veces y no he podido aguantarlo». Su carácter sufrió también las secuelas del accidente ya que «antes era un hombre feliz, tenía un montón de amigos y una buena relación con mi familia y ahora todo eso ha cambiado». Desde entonces sigue tratamiento psicológico y psiquiátrico «tomando pastillas para sobrevivir, durmiendo 20 minutos al día y dándole siempre vueltas a la cabeza». Alejado ya de la mina se pregunta: «De qué me vale lo que me diga el psicólogo si mi cabeza sigue dando vueltas, si no trabajo y no tengo dinero cómo resuelvo mis problemas». Promesas incumplidas «Después de 23 años en la mina y de 27 cotizando a la Seguridad Social no tengo nada», sentenció. Además, asegura que su vida la ha perdido desde el año pasado. «Desde entonces todo me da igual, ahora no tengo esperanza porque como no puedo tener una nómina tampoco puedo ir al banco para pedir dinero con el que afrontar la deuda que me reclaman». Helder Francisco Magro lamentó que «todas las promesas que se hicieron se hayan olvidado». Según sus palabras, «el empresario dijo, cuando yo todavía estaba dentro de la mina, que era fijo y tenía la vida resuelta pero nunca lo he visto ni me ha llamado para saber cómo estoy». Recordó que quiso dejar la empresa después del accidente pero «me prometieron que me harían fijo y como me quedaban tres años para prejubilarme aguanté pero estuve quince días engañado». El Ayuntamiento de Torre del Bierzo «prometió ayudas para pagar los libros de mis hijos que todavía no han llegado» y «las palabras de los políticos se quedaron en eso», aseveró. Amistad truncada La aparente amistad forjada por los dos barrenistas durante las casi 50 horas que permanecieron sepultados en el pozo Albares también se enfrió y en estos momentos no existe ningún tipo de relación entre Helder y Oscar. «Un día le pedí ayuda y me dijo que él tenía la vida resuelta, que le dejara en paz», explicó Helder que aventuró que «va a tener muchos años por delante para darse cuenta de que dentro de la mina tuvo un gran compañero que estuvo todo el rato a su lado, que le dio ánimos y arriesgó el pellejo por salir de allí». «Me dio la espalda, allá él, pero el tiempo pasa factura». Los recuerdos del 5 de agosto de 2003 «son amargos», según Helder, que ya no lo recuerda con nitidez «porque todo fue muy rápido al principio y no nos dio apenas tiempo de reaccionar». «De lo que sí estoy seguro es que si estamos hoy con vida, aparte del trabajo que hicieron desde fuera para sacarnos, fue gracias al trabajo que yo hice dentro», recapacita. Por su parte, Óscar Fernández prefiere no hablar ni recordar el accidente por el que estuvo de baja durante varios meses tras los cuales negoció una indemnización y dejó la mina.

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