Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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NO ME tuve la suerte de conocer a Juanjo Rocamora cuando estuvo de visita en Noceda del Bierzo el pasado mes de agosto. Confieso que me hubiera gustado saludar a este fenómeno de Gran Hermano. Cuentan quienes lo llegaron a conocer que es un hombre espectáculo, uno de esos tipos que te montan una fiesta en menos que canta el gallo del vecino. Al parecer, a él le encantó la fiesta del 15 de agosto, que es la que se celebra en el Barrio de Vega de Noceda. Da la impresión de que Juanjo fuera un chaval divertido y desenvuelto. Un vaquero cosmopolita al que le van los sones cubanos. Hay quienes aseguran haberlo visto en la cuadra del legendario Farfa intentando aprender el oficio de ordeñador de vacas. No es mal oficio, Juanjo, eso de ordeñar vacas. Es un chavalón con un corazón de oro, dicen quienes lo conocen. Incluso su excolega, la guapetona Cristal, está convencida de que es un buen rapacín, aunque en su día tuvieran algún que otro altercado en la casa de Gran Hermano. Ahora lo veo de vez en cuando en la televisión. Y me resulta familiar. Tanto me han hablado de él sus cuates bercianos que es como si nos hubieran presentado. Juanjo es amigo de un gran amigo: Javi, alias Xava. Lo de Xava le viene de un personaje que interpretara en una obra teatral de corte local, Arrebateilo nas Fuesas. Xava es hijo de madre valenciana, aunque él se siente nocedense hasta la médula, pues su padre es de Noceda. Fue Xava quien invitó a Juanjo a pasar la fiesta del 15 en Noceda. Luego, una vez en el pueblo, Juanjo entabló gran amistad con nuestro amigo Pablo, que ahora se fue a trabajar a Chicago, y también con nuestro sobrino Andrés (Andy), que desde que apareció en el plató de Telecinco, va camino de convertirse en una estrella mediática. Cuando estuvo en Noceda, Juanjo prometió que si al fin lograba ser seleccionado para el concurso de Gran Hermano y lo ganaba, el próximo año compraría una casa en Noceda. Esto es lo que me acaba de escribir Pablo desde Chicago. La verdad es que estaría bien que ganara este chaval porque, entre otras razones, se le ve que tiene raza. Prefiero a Juanjo, sin conocerlo, antes que a esa histérica legionaria y sentimental llamada Bea o a ese transexual esquizoide de cuyo nombre no me acuerdo o a la diabólica niña pija a quien tú, estimado Juanjo, llamas Dulcinea.

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