Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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DONDE esté un buen tren que se quite cualquier autobús para hacer un largo viaje. Incluso un tren no demasiado rápido ni lujoso resulta más confortable que el mejor de los autobuses, aunque sean Eurobuses y Supras. Pero como quiera que en nuestro país el tren no funciona bien, ni siquiera las líneas de largo recorrido, el personal está habituado a viajar en autobús. Los trenes casi siempre llegan con retraso a su destino. Un tren francés normal de largo recorrido es mejor que un Talgo. Y el TGV, que sería el equivalente de nuestro AVE, es extraordinario. En menos de dos horas viajas de París a Lyon en Tren de Alta Velocidad, que en distancia sería como viajar de Ponferrada a Madrid. Es probable que entre Lyon y París haya más kilómetros que entre Ponferrada y la capital del reino. En Francia un TGV se considera un tren normal porque, entre otras razones, circula por todo el país, y uno paga un pequeño suplemento por utilizarlo. No como en nuestro país, donde vivimos alejados del AVE: ese lujo que pocos se pueden permitir. Y un Thalys es algo que a los españolitos nos sigue embobando. El trayecto de París a Bruselas en Tahlys se hace en una hora y veinte minutos. Cierto es que los autobuses en nuestro país suelen ser más baratos que los trenes. Y casi siempre tardan menos en hacer un recorrido largo que los trenes. Algo que no ocurre en la Europa desarrollada. Mientras no haya una buena red ferroviaria en España, tendremos que seguir montando en autobuses. Al lado de países como Francia, Alemania, y por supuesto Italia, el nuestro es un país subdesarrollado en cuanto a infraestructura férrea. Luego no nos queda más remedio que utilizar los autobuses, que acaban siendo vejatorios, esto es «vejabuses», vocablo que el amigo Abel emplea con buen tino, amén de sarcasmo. Luego de un viaje más o menos largo en vejabús, el viajero siente que le han tomado el pelo, y sobre todo siente que le han molido la espalda, abollado el culo y descuajeringado las rodillas. Si uno es chiquitín, aún va aguantando el tirón, porque puede estirar las piernas. Si ese día en que viajas tienes la suerte de no coincidir con ningún «arrimado», y dispones de dos plazas para ti solito, entonces puedes revolverte. Mas para alguien con cierta estatura y corpulencia, el asunto se pone tieso. Cuando llegas por fin al destino, estás que no te meneas. Que me devuelvan la guita. Entre parada en un sitio y entrada en otro, acabas con el humor rabioso. No se puede meter a la gente en un bus como si fuera carnerada.

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