CUATRO GATOS
Fun, fun, fun
VILLANCICO significa «canción de villanos» dijeron ayer en Radio 3. Dijeron también que los villancicos que se conocen, los que han superado la barrera del olvido, ya saben: Hacia Belén va una burra, Campana sobre campana, Ay! del chiquirritín, Los peces en el río... son una muestra pobre del tesoro popular. Entiéndase por «villanos» habitantes de la villa, no esa otra connotación vil y vilipendiosa que nos sugiere «gamberros». Mucho antes de que la fama se convirtiera en una meta triunfante, en un valor sobreestimado, antes de la aldea global pretendida o acelerada por la red de redes, en la soledad(que no lo era) de los pueblos, la chispa del arte, de la inventiva, de la creación, daba a luz pequeñas cancioncillas, coplas, que al calor de la creencia, al servicio de la ternura que suscita el nacimiento de un niño muy especial, cuentan o reinventan ese pedazo de historia desencadenante de litigios morales, sociales, vitales, vivenciales, desde entonces y hasta hoy. Los hay bonitos, muy bonitos, emocionantes, tontos y muy tontos. Creo que no soy la única que se ha preguntado qué significa eso de que los peces beben en el río; es extraño, ciertamente. «Pero mira», dice. Y no sólo eso, sino que «beben y beben y vuelven a beber». Lo más viable es que les salga el agua por las agallas, si no se irían hinchando hasta explotar. Los celtas, los de aquí y los irlandeses, escoceses y bretones, han compuesto los más bellos, como «Good King Wenceslass» interpretado por Loreena McKenitt en su disco «Secret Garden». Los gitanos les han dado alegría y sentir jondo, ese poder de celebración que sólo tienen ellos. Cualquier villancico cantado por gitanos asciende varios escalones en sentido y en fuerza, sin desmerecer a los cubanos, que aportan desenfado y jarana, alegría también, bongos y ritmo para las caderas. Todos los giros culturales de nuestra cultura, han acogido los villancicos como una oportunidad más para componer y compilar caprichos musicales. Cada cancionero de cada región alberga algún villancico llevado al estilo propio, ramillete de posibilidades que ha desembocado en un ínfimo saber general que recurre desde hace décadas a las mismas cantinelas desgastadas aunque ,por qué no, entrañables. Ropopompón, pón. Yomerremendabayomerremendé. Busquen, comparen, y si encuentran algo distinto, óiganlo.