Las raíces cristianas
SIN la presencia el Cristianismo no se puede entender o explicar Europa, eso es tan indudable como cierto es que, de figurar el nombre de alguna religión de referencia para definir el espacio europeo, no podría ser otra que el Cristianismo, y ahí no estaríamos solos los católicos, sino también los ortodoxos, cuyo espacio geográfico europeo es más extenso y esos otros hermanos separados que como Lutero, Calvino Melancton o Zuinglio, también son cristianos. No estoy seguro de que algunos que consideran al Papa de Roma como único intérprete de la conciencia cristiana y niegan a otras Confesiones la condición de Iglesia, estén por la labor de rehabilitar la memoria de Lutero y sus tesis, tachadas de heréticas durante siglos. Pienso que es más acorde con la textura de las sociedades europeas plurales de hoy, la referencia explícita del Tratado a «la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa». También la sociedad de Al Andalus fue una sociedad plural donde los mudéjares convivían en territorio cristiano, los mozárabes en territorio musulmán , los judíos con todos, configurando la España de las tres culturas, tan comprensible y cercana cuando se escribe a escasos metros de la iglesia mozárabe de Santo Tomás de las Ollas, adivinando a lo lejos, entre las nieves de los montes Aquilianos, la de Santiago de Peñalba. Lo importante de la Constitución es su contenido. Pienso que lo mejor del mensaje cristiano está presente en ese Tratado cuando proclama la necesidad de «no olvidar a los más débiles y desfavorecidos», lo que no hicieron, precisamente, los dos proyectos «europeos» antecedentes que bien podríamos personificar en Hitler y Stalin y en general todos los Imperios, o cuando apuesta por «seguir siendo un continente abierto a la cultura y el saber», cuando advierte a los pueblos de la necesidad de superar sus antiguas divisiones para forjar unidos un destino común, o cuando , en fín, apuesta por el desarrollo sostenible frente al consumismo, la cultura de lo desechable y la insolidaridad con las generaciones venideras. Es cierto que no todo son luces en esta Constitución, ni en cualquiera otra, que el talón de Aquiles de la Unión a dos velocidades que hemos ido construyendo trabajosamente, sigue siendo la política social, sometida al yugo de la unanimidad. Pero es un paso más hacia la Europa de los ciudadanos, con más autoridad y presencia en un mundo sin mejores alternativas en el horizonte.