Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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ES LA segunda vez que el ganador de la sexta edición de Gran Hermano se da un paseo por la cuna del Bierzo. Esperamos que, a partir de ahora, Juanjo Rocamora nos visite de vez en cuando. Al menos una vez al año. La primera vez que este alicantino estuvo en el Bierzo fue en Noceda, cuando aún no era Gran Hermano. Cuentan quienes lo conocieron, y quienes ya lo conocían, que es un chaval campechano, con un gran corazón, y bien danzarín. Le gusta bailar y viajar. Se me ocurre que sólo viajando y bailando a uno se le agiliza el cuerpo y se le despabila el entendimiento. Entonces no tuve la oportunidad de verlo porque yo también andaba viajando y danzando por la Europa del Este, y aun por la Europa meridional. El amigo Xiavo o Xava, que tuvo la ocasión de conocer a Juanjo en Dublín, lo había invitado a pasar unos días de romería en Noceda. Al parecer se divirtió mucho, y prometió volver al pueblo el próximo verano. Noceda del Bierzo, en verano, resulta bien agradable, sobre todo para aquellos que visitan por primera vez el pueblo. El Bierzo entero es un buen sitio para disfrutar de unos días de descanso en época veraniega. No se me hubiera ocurrido que algún día llegaría a conocer a un Gran Hermano, a un gran hermano ganador, más que nada porque uno no es adicto a ese tipo de programas, ni siquiera a otros programas televisivos. Cada día me interesa menos la televisión. Prefiero hacer algo antes que estar delante de la tele, dejando que el tiempo pase. Tampoco esperaba verlo ahora, en el mes de febrero, que suele ser mes de poca salsa, pero la vida es así de imprevisible. Juanjo apareció, como si de un relámpago se tratara, en Noceda del Bierzo. Y luego lo acompañamos para que fuera tomando el pulso a la capital berciana. Primero estuvimos en la Plaza de Fernando Miranda. El Olego como punto hospitalario. Una buena cena como entrada a una noche de farra. Y luego la mítica Delfos, donde Juanjo se echó unos quiebros a ritmo cubano, a él que tanto le apasiona la «gosadera». Ay, Cuba, por ti me muero. Las chicas, y algunos chavales, se le acercaban para saludarlo como si fuera una estrella. En el fondo, es un fenómeno mediático. Lo que consigue un programa como GH es algo increíble. Y Juanjo, que es un tipo sencillo y simpático, se comportó con naturalidad. Uno no se imaginaba que en el Bierzo Juanjo despertaría tales pasiones. Más que nada porque tengo a los bercianos por gente de carácter tranquilo.

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