Ponferrada Astur
ENTRE Lugo y Oviedo, Ponferrada y el mar, hay un mundo bravío, incomunicado y bello. Una región remota en la que se funden Galicia y Asturias, Laciana y el Bierzo. En el centro geográfico de esa demarcación queda el alto valle asturiano de Ibias, donde nacieron mis cuatro abuelos. Y bien podría ser Ibias la involuntaria capital de ese reino del olvido. Porque desde Ibias uno tiene la sensación de que todo está muy lejos. Yo descubrí de adolescente ese sentir, cuando pasé unos días allí con mis padres y mis hermanos. Desde San Antolín de Ibias, Oviedo queda a 140 kilómetros y Lugo, -la ciudad de Poniente- a 100 kilómetros y a cerca de mil curvas. Son distancias abrumadoras, medibles en tiempo más que en espacio. esas distancias yo las viví con alegría de forastero. Recuerdo que en aquellas fechas había un momento sagrado, al atardecer: era cuando aparecía el autocar de línea en la plaza de San Antolín, cargado con los escasos y heroicos lugareños que habían ido a Oviedo a hacer trámites y que regresaban como quien vuelve de la guerra. Aún recuerdo su orgullo al descender del autocar. Su aura de lejanía. Ese aislamiento se ha ido paliando en parte en los años que vinieron después. Se mejoraron las carreteras -aunque sigan siendo estrechas y arduas-, y el progreso alcanzó villas y pueblos, que hoy lucen muy renovados, y unidos al mundo a través de internet. Pero subsiste la dificultad para acceder a Oviedo, a Lugo y al mar, y sobre todo a Ponferrada, ciudad que tenía y tiene un prestigio grande en esa Asturias montañosa y occidental. Ponferrada era como un cuento peligroso y feliz. Frente a la docta y elegante Oviedo y frente a la algo más ajena Lugo, Ponferrada era una palabra que concitaba una extraña atracción en aquellas tierras allende la cordillera. Tal vez porque Ponferrada representaba mejor que Oviedo o que Lugo la comunicación con el resto del mundo. Ponferrada, también tenía una atrayente fama de ciudad febril y disoluta, llena de oportunidades para el viajero. Y era también afortunada por no ser sede de obispos ni de gobernadores civiles. Eso entreví en mis días adolescentes en Ibias. Y ahora me alegra mucho saber que el presidente de Asturias propugna una autovía entre La Espina y Ponferrada. Una calle mayor para que esas tierras astures se enganchen mejor al Bierzo y al mundo. Una oportunidad más, claro, para la pujante Ponferrada, que disputará con Oviedo su influencia estratégica en el suroeste de Asturias.