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MARÍA ANÍBARRO
León

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HA SIDO muy grato, encontrarme estos días en un medio especializado nacional, con las declaraciones del director de una de las revistas más leídas del mundo, Thomas Mathews, director de Wine Spectator, quizá una de las revistas de vino más leídas por profesionales y aficionados. El señor Mathews destacó, como sus vinos españoles favoritos, los del Bierzo, por su elegancia y poderío, y los maravillosos blancos gallegos. Estas declaraciones refuerzan el interés que despierta el noroeste de España, con su ramillete de variedades de las que se tiene que hablar mucho. En su opinión el gusto de los estadounidenses, se aleja de los variedades francesas, busca novedades: vinos sutiles, elegantes y equilibrados, nada que ver con la vieja escuela, sobre todo en lo que a los viejos riojas se refiere, a los que tacha de evolucionados y con exceso de madera, mostrándose más optimista con los de alta expresión. Estas afirmaciones vienen a respaldar los comentarios de Robert Parker sobre el prometedor futuro de los vinos de España, gracias al patrimonio de variedades, que van a dar muchas sorpresa. Parker describe a España como un «líder emergente en vinos de calidad y creatividad, que combinan las más finas características de la tradición con una moderna y progresiva filosofía enológica». La esperanza está en los vinos italianos y españoles, que se lo pondrán difícil a los franceses, que tendrán que ingeniárselas para recuperar posiciones. Augurios muy positivos de dos de los prescriptores más importantes en el mundo. Sin lugar a dudas, estos comentarios nos facilitarán la asignatura pendiente, la comercialización en el exterior. Para este crítico, los mercados de los vinos españoles caros, estarán en Asia, Sudamérica, Europa del Este y Rusia, o lo que es lo mismo, mercados llenos de nuevos ricos, con ganas de consumir lo mejor y lo más caro. En cuanto a los precios de los vinos, apoya a los bodegueros en el hecho de que producir vinos de calidad es costoso, y también a los restaurantes en obtener un beneficio modesto, quizá el problema de que los vinos caros no roten lo deseado, se debe a que el consumidor español no está acostumbrado a pagar precios altos. Para Mathews hay un mercado para todos, hasta para los que superan los cien euros, pero el éxito está asegurado para aquellos vinos de calidad por debajo de los 30 euros. Estos comentarios son similares a los de Parker, que opina que el precio del vino de calidad se disparará.

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