Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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SI FUERA un prejubilado de la minería berciana, es probable que estableciera mi residencia en el Caribe. Tampoco estaría mal la ciudad de Marrakech. Un buen clima ayuda mucho a vivir. Al menos viviría durante algunos meses del año en uno de esos lugares. Dicho así esto puede resultar atrevido, incluso a algunos les parecerá pintoresco o chistoso, sobre todo a los bercianistas. Como si fuera una ocurrencia de última hora. No es que uno sea un renegado de su tierra. Al contrario, uno se siente bien arraigado, aunque las heladas en el mes de abril no nos sienten del todo bien. Si uno fuera en verdad un prejubilado, con cuarenta años, como algunos prejubilados mineros del Bierzo, y aún gozara de salud, vivir en Cancún o en La Habana, por ejemplo, podría ser algo bien estimulante. El ser humano, por su naturaleza, necesita explorar su entorno inmediato y aun otros mundos. Sólo así uno puede desarrollarse como persona. Cada cual tiene su historia y sus inquietudes. Y lo importante es intentar hacer, siempre que uno pueda y no atente con los otros, lo que desee. A veces tarda uno en descubrir lo que de veras le interesa y le emociona. La vida es tan breve que no podemos pasarnos la vida soñando con algo, que al final se queda sólo en sueño. Aunque sabemos, sobre todo desde que leyéramos a Calderón, que la vida es sueño, incluso un suspiro, y en ocasiones una pesadilla. «Se vive solamente una vez -canta el gran Machín-. Hay que aprender a querer y a vivir. Hay que saber que esta vida se aleja y nos deja llorando quimeras. No quiero arrepentirme después de lo que pudo haber sido y no fue. Quiero gozar esta vida teniéndote cerca de mí hasta que muera». Un día te encuentras pletórico, con ganas de comerte el mundo, y al siguiente ya estás de capa caída, con un pie en este valle fermoso y otro en el cementerio. Siento que me salga la vena macabra, mas conviene tener bien presente la realidad, y uno necesita vivir de realidades y no de ficciones. Si hubiera comenzado a trabajar en la mina jovencito, a lo mejor ahora no estaría soñando con el mar Caribe, ni con ciudades exóticas, ni siquiera en viajar a otros lugares, sino que viviría feliz en el Bierzo, tranquilo, sin sobresaltos, comiendo pimientos y tomates de la huerta, respirando aire puro de la montaña, dando paseos placenteros por el entorno y aun por las serranías bercianas, jugando al tute subastado. A menudo uno desea lo que no tiene, y cuando uno lo tiene ya está pensando en otro asunto. Qué continúe el deseo.

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