Zapatero berciano
ZAPATERO ha venido al Bierzo a ejercer de leonés, lo que sin duda le honra, sobre todo desde que actúa tanto de catalán en la intimidad (y fuera de ella), y de relativista en lo atañente a las naciones: ese criterio cada día más inquietante. Y que lo resulta por aquello de la destrucción del Estado. Y por la quiebra de la solidaridad. Y por el enrarecimiento de la convivencia. Porque Zapatero, ¡ay!, tiene de socios presentes (ERC) e inminentes (PNV) a partidos que buscan la liquidación de España, no conviene olvidarlo. Y yo casi me asusto de escribir estas palabras, parecen de tiempos muy idos, grises y horrendos, pero sospecho que son verdaderas porque verdad del Señor es que hoy se odia mucho a este país viejo y democrático desde las cúpulas del nacionalismo periférico. Y la suerte que tenemos es que la sociedad es más sensata que sus dirigentes, y más sabia, y no está dispuesta a los avatares de la infamia, sobre todo ahora que el bienestar general es casi un hecho, o al menos un digno pasar que ni por asomo existía en tiempos de batalla. Zapatero ha venido con su minoría parlamentaria, que tanto le hace padecer, y con su sonrisa de niño bien de Léon capital, y con su radicalismo de progre de Ponferrada de los años setenta, cuando los hijos de los comerciantes prósperos de la ciudad iban a estudiar a Madrid y volvían envueltos en melenas de Trotsky, en lentes de Lenin, en libros de Engels y en bragas de Rosa Luxemburgo. Y en otras bragas, ibéricas y calcinantes, que eran la memoria y la bandera de sus desgracias amorosas. Zapatero ha venido a una tierra que conoce bien: aquel Bierzo de sus escaramuzas de político seminarista, de político diácono, de político que siempre se dedicó a la política, desde los primeros libros de Mao que su padre le pasaba, para arreglar el mundo, esa utopía respetable. Y terrible por lo general. Utopía en la que no cree Zapatero para bien de todos, y de él mismo, porque Zapatero lo que busca es mejorar la situación general, el arte de lo posible, y que todo el mundo esté contento, los que quieren una cosa y los que quieren la contraria. Y lo curioso es que lo está logrando y ojalá le dure el equilibrio, porque nada de lo suyo es aún irreversible, todo son fintas habilidosas de político de Ancares o del Boeza, no en vano la política es la misma en Madrid que en un rincón de León. Y uno le pediría a Zapatero que tratara al Bierzo como si el Bierzo fuera la ERC, sólo eso, y a escala, y cada día todos aún más contentos. CÉSAR GAVELA