Vivir en la ilegalidad, por lo menos un mínimo de tres a cinco años
F. H. es marroquí nacido en 1978. Como muchos adolescentes de su país soñaba con «un futuro mejor, un trabajo, ganar dinero» y acceder a esa economía de consumo que existía en la vecina y cercana España. Y se decidió. No quiere o no se atreve a contar su periplo. Lo cierto es que su vida se ha convertido en un ir de aquí para allá. Como otros, ya miles, marroquíes trabajó en los campos de Almería, «como jornalero. Sin contrato. Sin papeles. Sin futuro cierto». A través de Inés, asistente social de Cáritas, que nos sirve de intermediaria y puerta de acceso a esta dramática historia, sabemos que F. H. llega al Bierzo, en concreto a Bembibre, «porque muchos compatriotas le habían dicho que aquí podría encontrar ese trabajo con papeles, legal, que tanto necesitaba». Desde luego, cotejando su expediente, vemos que F.H. entra dentro del 6 de agosto del 2002 que exige el proceso de regularización. Sin embargo, ay, no hay contrato. De nada ha servido el certificado de empadronamiento, ni el de penales de su país de origen. «Cuando llegó a nosotros creíamos que era un transeunte», afirma Inés. Con la mirada perdida, ausente, F.H. vive en la ilegalidad. Sin papeles no hay trabajo, dinero, comida, vivienda... «Quizás se solicite la figura legal del arraigo, eso sí, dentro de 3 o 5 años», explica Inés.