Schlöndorf
ES PROBABLE que los bercianos no se hayan enterado de la exposición de fotos del cineasta alemán Schlöndorff en el Campus de Ponferrada. Ya se sabe que la cosa cultural no atrae mucho a la gente, que prefiere darse una vuelta por la naturaleza en busca de sosiego y aire puro en cuanto luce el sol y cantan los ruiseñores. En realidad, la cultura no deja de ser algo artificial y en ocasiones una tomadura de pelo. Es probable que algunos no sepan quién es este cineasta porque, aunque haya hecho grandes películas, no está en la onda posmoderna y mercantilista. El cine, en el fondo, tiene que ser algo que entretenga al personal, más allá de que este sea utilizado como arma ideológica al servicio de un sistema. Como lo ha sido a lo largo de su historia. El cine acaba funcionando en ocasiones como una adormidera psicodélica. Las exposiciones de fotos, sobre todo en blanco y negro, me resultan por lo demás atractivas. Es como si nos recordaran nuestro pasado en blanco y negro, pues el pasado, como los sueños, suelen percibirse en blanco y negro, aunque en esta exposición también hubiera fotos en color. Si bien la exposición ameritaba de una visita, su cine nos resulta bien interesante. Además de ser uno de los grandes del cine alemán de posguerra, pertenece a un grupo que recibió enseñanza en una escuela de cine. En su caso, estudió en el Idhec de París, que es hoy la famosa Femis, donde enseña cine, entre otros, Chema Sarmiento. Las películas de Schlöndorff se caracterizan por ser críticas con las injusticias sociales de nuestra época. En su primera etapa trabaja como asistente de dirección de cineastas tan prestigiosos como Malle, Resnais o Melville. Y rueda su primer largometraje «Las tribulaciones del joven Törless», que es una adaptación de la novela de Musil. Sueña, al igual que Fassbinder, con un «Hollywood alemán». Incluso llegan a trabajar juntos en algunas películas políticas estos dos grandes del «Nuevo cine alemán». Su obra maestra «El tambor de hojalata» es una adaptación de la novela homónima del Nobel de literatura Grass. Para su adaptación contó con la colaboración Carrière, el que fuera guionista de algunas películas del maestro Buñuel. Con «El tambor de hojalata» obtuvo la Palma de oro y el Óscar a la mejor película extranjera, aunque pasados algunos años ese país llamado Estados Unidos catalogó la película como obscena.