Personal sanitario
DETRÁS de esta rutinaria denominación hay muchas personas concretas que tienen el afecto y la gratitud de muchos enfermos. Tal ocurre en el Hospital del Bierzo, donde acaba de producirse, con éxito, el primer trasplante de córnea, felicidades. Falta la primera vez que uno haya oído alguna queja del servicio y atención que ofrece a los bercianos su Hospital Comarcal. La salud es lo primero, pensaba yo leyendo un informe de las víctimas de Big Farma en Africa, donde atraídos por los bajos costes y los débiles controles, la industria de los medicamentos realiza pruebas de sus productos, la llamada medicina de las pruebas, sin respeto a la salud y la seguridad de los pacientes. Aprovechando que las reglamentaciones médicas y farmacéuticas vienen de la época de las colonias, se organizan ensayos clínicos sin suficientes controles terapéuticos y sin respeto a la ética y la seguridad de los pacientes. Cada año se realizan en todo el mundo unos 100.000 experimentos de este tipo. Aquí tenemos suerte, pensaba también, al enterarme de la jubilación y despedida de Puri « la de Rayos», tan generosa, alegre y servicial durante tantos años, que en la cena de despedida oyó, emocionada, cosas como estas :»trabajando a manos llenas/contra las penas ajenas/velando temores de otros/sin tiempo para los propios/esta es la historia de Puri, ¿.» y la de tantos otros servidores de la sanidad pública, que Dios nos conserve y las privatizaciones respeten. Leía también este fin de semana una entrevista que le hacía al oncólogo González-Barón uno de sus pacientes. Ambos han sufrido el mismo tipo de cáncer y creo que lo han superado. Dice el oncólogo que es casi imposible amar por oficio, que el sanitario tiene que renunciar a la soberbia de la salud, con la humildad de quien se repite constantemente, ante el enfermo: «yo puedo ser mañana como tú, un enfermo con tu mismo mal». Pienso que son muchos los servidores de la sanidad en el Bierzo, sanitarios o no, que comparte esa filosofía. Lo difícil para el paciente es ver a quien intenta curarle como «un ser para muerte», una persona vulnerable detrás de su bata blanca, con su historia personal de cada día a cuestas, con sus miedos y preocupaciones, como cada hijo de vecino, porque él nunca va a responderle diciendo aquello de « pues anda que yo¿.», sino que le escuchará en todo caso y tratará de poner un bálsamo en sus heridas, del cuerpo o de la mente.