Diario de León

| Análisis | El sistema productivo del vino cuestionado |

Cooperativas, modernizarse o morir

De las seis que tuvo el Bierzo pasan a cuatro, aunque no se descartan más fusiones. Todos coinciden en que el modelo, si bien no está agotado, deben reforzar su gestión empresarial

La cooperativa de Arganza pasará en breve a integrarse en la de Cacabelos, tras su nefasta gestión

La cooperativa de Arganza pasará en breve a integrarse en la de Cacabelos, tras su nefasta gestión

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Alejandro J. García - ponferrada
Ponferrada

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Esta semana hemos conocido que las cooperativas vinícolas de Cacabelos y Arganza se fusionarán, tras el acuerdo alcanzado por ambas directivas. El anuncio, presentado como un logro que creará una gran cooperativa «de segundo grado», en realidad es la absorción de la de Arganza por la de Cacabelos ante la nefasta y práctica disolución de la primera y que, gracias a esfuerzos institucionales y de particulares, los 400 cooperativistas de Arganza que llevan dos cosechas sin ver un euro, encuentren donde colocar su género y subirse al carro de una cooperativa que marcha bien. Pero ¿y por qué se ha llegado a esto? En retroceso El futuro, según todas las fuentes consultadas, pasa por modernizar sus equipos y aplicar criterios empresariales más agresivos en las cooperativas. De hecho, las dos principales, Camponaraya y Cacabelos, gozan de buena salud y mejores perspectivas futuras gracias a que su dirección camina en esa tesitura. Incluso no se descartan más fusiones en el sector. En los años 60 y 70 se crearon las cooperativas de vino. La primera y decana es la de Camponaraya, en 1963, con apenas 100 socios. En el Bierzo llegaron a existir seis. Han desaparecido dos, la de Villafranca que se reconvirtió en bodega privada y la de Arganza, mencionada anteriormente. Actualmente existen cuatro: Camponaraya o Viñas del Bierzo, Cacabelos o Vinos del Bierzo, Cabañas Raras o Vinícola del Bierzo y Ponferrada o Cepas del Bierzo. En total reunen a casi cuatro mil cooperativistas, generalmente agricultores que tienen pequeñas fincas y que no abandonan, más por tradición y cariño, que por lo que realmente obtienen de rendimiento económico. «No puede ser que un litro de vino le reporte al productor un euro y en la mesa del restaurante cueste seis euros», se quejan los coopertativistas. Sin embargo, la rentabilidad está demostrada a tenor de las cifras, casi 12 millones de euros en el 2004 para algo más de 18 millones de kilos de uva. En esto Cacabelos y Camponaraya con tres y seis millones de euros facturados se llevan la palma. Cabañas y Ponferrada, recaudaron 0,7 y 1,8 millones de euros respectivamente. Las cifras de socios, son definitorias de sus «poderes»: 1300 Cacabelos, 1100 Camponaraya, 740 Ponferrada y 425 Cabañas, 400 Arganza.

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