Diario de León

| Reportaje | Una vía más que negra |

Un ataúd de doce kilómetros y pico

La carretera del Canal se ha cobrado tres víctimas mortales en un año y el doble de personas han salvado la vida de milagro. Pero nadie pone remedio a su peligrosidad

Las vallas sólo se pueden observar de Compostilla a Cuatrovientos

Las vallas sólo se pueden observar de Compostilla a Cuatrovientos

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R. Arias - ponferrada
Ponferrada

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El corazón llega a raspar la glotis y una descarga eléctrica taladra el cerebro durante un nanosegundo. La boca parece el desierto de los Monegros. Es un conjunto de sensaciones más o menos común para muchas de las personas que circulan a diario por la carretera del Canal. Tres de ellas, en los últimos doce meses, no serán capaces de rememorarlas nunca más. En lo que va de año, la carretera del Canal, una vía de algo más de 12 kilómetros que une los municipios de Ponferrada, Camponaraya y Carracedelo, y que es titularidad de la Confederación del Norte -dueña a su vez del Canal Bajo- se ha convertido en la tumba de tres mujeres en dos accidentes de tráfico. En el mismo periodo, otra persona resultó herida grave, y al menos tres salieron ilesas tras ser rescatadas milagrosamente del conducto de riego. Todas ellas forman parte de la estadística oficial. Pero cada día se producen colisiones o incidentes que afortunadamente no quedan registrados en la lista negra. La calzada, estrechísima, irregularmente bacheada, y con innumerables caminos vecinales y accesos a fincas privadas como afluentes, es terreno abonado para la catástrofe. También porque cualquier mínimo volantazo, cualquier suave roce con otro vehículo, puede acabar con sus ocupantes en el fondo del canal. Salvo en un pequeño tramo entre Compostilla y Cuatrovientos, en Ponferrada, las vallas de protección brillan por su ausencia. Todo eso es lo que mató el miércoles a dos hermanas de 26 y 27 años, Ana Isabel y Lucía Gallardo Díaz, que ayer tarde la fueron enterradas en Carracedelo. El Opel Corsa que conducía Isabel trató de esquivar a un todoterreno que asomaba de una de las muchísimas intersecciones que jalonan la carretera. El choque, en otra carretera, tal vez no hubiera resultado mortal. Pero el canal, una vez más, se convirtió en una tumba. El automóvil se hundió, y el agua que fertiliza miles de fincas se tragó dos vidas. El pasado 5 de junio, el conductor de otro coche tuvo más suerte. Cayó al canal en el cruce de la carretera con Granja de las Piedras, en Cuatrovientos, pero fue rescatado ileso. El pasado 11 de marzo, Nevadita Rodríguez, de 73 años, colisionó levemente contra un camión. La ínfima anchura de la calzada no le permitió margen de maniobra. Se emprotó contra el muro de una finca en Camponaraya. Falleció en el acto. Su marido, Baldomero Arias, resultó muy grave. El 7 de agosto del 2004 otro conductor se precipitó al cauce en Cuatrovientos. Salió a flote sin un rasguño. Lo mismo que el pasado jueves un niño de 9 años y su madre. Ésta se lanzó al cauce para rescatarlo, y en última instancia tuvieron que ser evacuados ambos por los obreros de un taller cercano. A las instituciones, con todo, sólo se les acelera el pulso cuando se suceden los siniestros. El Ayuntamiento de Ponferrada acaba de presentar un proyecto de 45 millones de euros para que el Plan del Carbón financie el soterramiento del canal. Pero sólo en un tramo de 3,5 kilómetros. De los ayuntamientos de Camponaraya y Carracedelo nada se sabe, y asociaciones vecinales como la de Cuatrovientos se suman ahora al carro de los lamentos, asegurando que ellos ya lo habían anunciado. Lo cierto es que en los últimos cinco años, a lo largo del vial, existen al menos otras tres muescas mortales. Pero en todo este tiempo nadie ha afrontado una reivindicación contundente ni una negociación prioritaria con la Confederación Hidrográfica del Norte. Acaso habrá que aguardar tres muertos más.

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