Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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CONOZCO A SUSO Barrio desde tiempos muy antiguos, y eso que él es unos años más joven que yo. Suso Barrio, Ponferrada, años sesenta, acera izquierda de la avenida de Compostilla mirando a la montaña de carbón. Suso Barrio, hermano de varios hermanos, todos muy parecidos, compañero de clase uno, del colegio los otros, familia de viejos vinateros llegados de uno de los corazones de la bercianidad: el de las lomas que van de Arganza a Sancedo, lienzos verdes de viña y bosque, paraísos que andan por ahí, no demasiado conocidos; tierra de pájaros. Suso Barrio iba a clase, jugaba con otros niños, yo le veía en el recreo. Era Suso algo frágil, delgadito, observador. Luego fue creciendo, había un artista en él, eso empezó a verse unos años después, justo por el tiempo en que era amigo de mi hermana Belén (lo sigue siendo, aunque se vean muy poco), y ya se apreció mucho más lo del artista cuando Suso Barrio se fue a París, a Rotterdam, a otras ciudades de la vanguardia donde fue perfilando su vocación, su sensibilidad, su amor por la pintura, y todo resuelto en un fondo de ironía muy bien cultivada, también se la veía venir. En Suso y en todos sus hermanos. Ironía del Bierzo, camaradería de fondo, y en Suso también presente, ahora, en sus rojos y azules, en sus violetas y amarillos. Pasaron muchos años, Suso Barrio continuó su camino. Cuadros, exposiciones, dudas, logros, inventos. Y en estos días sus cuadros se exponen en una de las grandes galerías míticas de Madrid, la Kreisler, donde me gustaba perderme, cuando estudiaba en la capital: aquello de ir a las inauguraciones para comer canapés y para ver mujeres muy bellas, algunas extranjeras, embajadoras, y para asomarme a un Madrid inalcanzable para un provinciano más bien pobre. Pero lo que importaba en aquella galería, y en todas, lo que importa es la obra, los cuadros, la labor de los artistas y no la liturgia de los invitados. Y eso: el arte, el riesgo, el juego, la bella nada que es la vida, también estaba allí. Y ahora está con Suso Barrio, quien, seguro de su mirada, pinta por series, por arrebatos, explorando cada camino, hallando frutos. Suso presenta un reino de luces, tonos y sonrisas que ha titulado «Acróbatas» donde las acrobacias son de Suso tanto como de sus misteriosos héroes circenses de brazos larguísimos y ondulados, triples. A uno le gusta que triunfen sus viejos compañeros. Poco a poco. Porque triunfar es expresarse, nada más. Y por eso todos podemos triunfar: basta con contar quienes somos. Y Suso lo hace, en plena libertad.

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