Diario de León

Un berciano al otro lado de la valla

El médico ponferradino Javier Gabaldón, jefe de la misión de Médicos Sin Fronteras en Marruecos, está siendo testigo de la odisea de los subsaharianos para llegar a España

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Carlos Fidalgo - ponferrada
Ponferrada

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La frontera de Marruecos con Argelia, entre las localidades de Oudja y Maghnia, es un área semidesértica donde no hay agua, ni alimentos, ni cobijo, y la temperatura oscila entre los seis grados bajo cero en invierno y los 43 grados en verano. Se trata de una zona donde lo mismo se trafica con personas que con mercancías y son frecuentes las bandas criminales de marroquíes, argelinos y nigerianos, según recoge un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) El médico ponferradino Javier Gabaldón, jefe de la misión y coordinador médico de la organización humanitaria internacional en Marruecos, lo sabe muy bien. Su testimonio y el de otros compañeros sirvió a comienzos de mes para alertar sobre el abandono en «tierra de nadie» de cientos de inmigrantes detenidos al intentar cruzar la vallas de Ceuta y Melilla. Gabaldón, que dejó Ponferrada hace dos décadas para cooperar en tareas humanitarias en Ruanda y Burundi, y desde el 2003 dirige desde Rabat la misión de apoyo de MSF a los inmigrantes subsaharianos, no se muerde la lengua y se remite al informe de su organización, «Violencia e Inmigración», para denunciar el calvario que sufren quienes tratan de llegar «al dorado europeo», según su expresión. Y es la violencia, el primer problema al que se enfrentan. De las redes de traficantes, de bandas de delincuentes y de las propias fuerzas de seguridad, afirma. «Nos dimos cuenta de que una parte muy importante de nuestras consultas tenían que ver con la violencia, directa o indirecta, infringida desde varios agentes y lo que es más preocupante, también las fuerzas de seguridad estaban detrás de esa violencia en un grado muy importante, no sólo del lado marroquí, también del lado español», cuenta desde la sede de MSF en Rabat, en conversación telefónica con este periódico. Testimonios escalofriantes El informe recoge testimonios que ponen los pelos de punta, como los de F.R.K. un ghanés al que amputaron las piernas en agosto del 2004, después de ser arrastrado bajo las ruedas del tren de Oudja a Rabat durante un forcejeo con la policía marroquí. El de la joven nigeriana F.T.M, abandonada en la frontera con Argelia con su hijo recién nacido, en enero de este año. Y entre los más escalofriantes, el de O.S.S, nigeriana de 21 años violada por los hombres que debían pasarla a Ceuta escondida en el maletero de un coche, o el de K.R.M, menor de edad guineano que en febrero de este año y gracias al apoyo de una asociación local, denunció una violación por parte de dos agentes marroquíes, después de que la Guardia Civil le sorprendiera en mitad de la valla y le devolviera a Marruecos. «No deja de ser sorprendente que cuando un país como Marruecos está dando claras señales de que no respeta los derechos humanos, España les esté enviando a estas personas para que hagan lo que recogemos en el informe», se queja Gabaldón. El médico berciano también atribuye parte de la violencia a las fuerzas españolas que custodian la frontera -«en este caso no hay violaciones», puntualiza. Entre 8.000 y 12.000 euros Antes de intentar el salto, son las propias redes que les han trasladado desde sus países hasta la frontera con España -«les pagan entre 8.000 y 12.000 euros por el viaje», dice poniendo en duda el llamado efecto llamada «porque no todo el mundo en África tiene ése dinero para ir a Ceuta a que le partan las piernas»- y los delincuentes comunes quienes ejercen la violencia contra los inmigrantes. «Las bandas de delincuentes marroquíes ven en el subsahariano una víctima propiciatoria; no van a denunciarles porque están en una situación de clandestinidad, así que son bandas que actúan de una manera impune. Les agreden, los asaltan, les violan... con una facilidad pasmosa». Avalanchas en la valla Las recientes avalanchas sobre las vallas de Melilla y Ceuta, han sorprendido a MSF. «No nos explicamos de donde vienen esas avalanchas, no es la manera de actuar de estas personas, que quieren a toda costa entrar al otro lado y lo quieren hacer de una forma discreta, para que el grifo no se cierre». Para Gabaldón, la violencia empleada para frenarlas «ha sido completamente gratuita, símbolo de debilidad y de falta de previsión». En la actualidad, y después de los traslados a campos de acogida y las repatriaciones, Gabaldón asegura que apenas quedan grupos aislados en los bosques próximos a la frontera, a los que MSF continúa asistiendo como siempre; «haciendo verdaderas piruetas para acercarnos sin causarles más daño que beneficio». Pero el médico berciano no cree que los campos de acogida se vayan a generalizar. «A no ser que cambie la situación, Marruecos no va a aceptar hacerse cargo de esta gente que España les está echando encima», opina. Y levantar una valla mayor tampoco es la solución, entiende, echando de menos una estrategia global que regule los flujos migratorios sin riesgo para la vida y la dignidad de las personas. «Si suben las vallas, encontrarán la manera de entrar, por debajo, por la izquierda o la derecha, por el mar o por donde sea, pero lo van a seguir haciendo».

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