Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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AHORA que Galicia va camino de la independencia, lo que tanto anhela el Bloque de Anxo Quintana y, de rebote, el entusiasmado galleguismo berciano, barrunto días confusos para nuestra querida comarca. Días de himnos y asambleas, de lágrimas rurales y de convulsiones diversas. De ásperos debates y de muchas novedades incómodas. Ahora que España tantea la emocionante senda de la disolución, conviene ir posicionándose. Adelantarse a los tiempos que marca Zapatero, como insólito y gran paladín de la España pronto federal y mañana quien sabe si balcanizada y todo. Dicho esto, respeto mucho a los que sostienen que las reformas territoriales en marcha serán para bien; para que estemos más unidos y seamos más solidarios. Pero, ya lo ven, no lo creo. E incluso estoy convencido de que los nacionalistas gallegos, catalanes y vascos desean, cada día más, la secesión de sus regiones autónomas, que ellos llaman naciones. Y que incluso empiezan a creer que lo pueden conseguir. Hace unos días hice mi primera aproximación al futuro. Me fui a Santiago de Compostela, ciudad admirada y muy querida donde me encuentro como en casa. Allí recorrí sus viejas calles, di la vuelta bajo la lluvia a las cuatro plazas bellísimas que rodean su catedral; comí pulpo; me crucé con un río de muchachas estudiantes; transité librerías y encontré un nuevo texto sobre Cunqueiro el Grande. Y dos sobre Carlos Casares, otra de mis devociones. Luego me senté en una cafetería, no lejos de la plaza Roxa, y allí pensé esto: el futuro Bierzo tiene dos opciones, si triunfan Carod y Zapatero, como parece. La primera, conflictiva e injusta, implicaría la incorporación forzosa del Bierzo a la Galicia soberana y étnica. La segunda opción es mucho más interesante e improbable. Supondría reeditar el reino de León, pero a lo grande, en toda su expresión histórica. El nacimiento de un nuevo estado europeo integrado por gallegos y asturianos, leoneses, zamoranos, salmantinos y extremeños. Cerca de siete millones de habitantes y la capital, claro, en León. Y juntos y felices, gozosos, gallegos y bercianos. Y muy fraternos con Portugal, no en vano la república vecina también nació del antiguo reino de León. Veo, pues, un eje León-Lisboa, y en esa quimera geopolítica también veo una monarquía, con Letizia astur, y luego Leonor de León y del Bierzo, nacida hace unas horas. Leonor, que viene llena de esperanzas. Como un bebé constitucional y unificador de las Españas, ahora que tanto lo necesitamos.

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