Urbanismo y política
ESTOS ÚLTIMOS días el tema local por excelencia está siendo el urbanismo, o mejor dicho, el amplio debate que está suscitando. Está bien eso de debatir, de opinar, de poder expresarse. Pero, ay, entre reunión y reunión, lástima, ya hay quien quiere arrimar el ascua a su sardina. Se equivoca el PSOE acusando al alcalde de Ponferrada de oportunista y de manipular con sus reuniones multitudinarias a raíz de la futura redacción de un nuevo Plan General de Ordenación Urbana. Según he podido constatar Carlos López Riesco ya había anunciado estas reuniones a muchas personas interesadas, e incluso las cartas de citación estaban listas en la Secretaría del Consistorio mucho antes que la reunión convocada por el propio Consejo Comarcal. Ahora resulta que las instituciones públicas se van a «pegar» por quién se reune antes y de quién fue la idea de debatirlo con la sociedad ponferradina primero. Qué tropa. Lo siento por el presidente de los bercianos, pero no sé qué pinta el Consejo dirimiendo el urbanismo de Ponferrada cuando de redactar, si tuviera competencias, debería redactar un Plan para todo el Bierzo. ¿O es que desde el Consejo se quiere gobernar Ponferrada, o intervenir en el gobierno de Ponferrada? Otro apunte. En la reunión auspiciada por el Consejo Comarcal los técnicos, esto es, arquitectos y aparejadores, dijeron nones a firmar un manifiesto en contra de la política urbanística del Gobierno ponferradino, de su forma de llevar a cabo el nuevo PGOU. Los técnicos no se mojan; opinan como técnicos, pero no hacen política, por mucho que el número tres del Consejo se pusiera, me cuentan, enojadísimo por su negativa a firmar el manifiesto. «Lo vimos como una encerrona. Era opinar sobre algo que no se sabe todavía qué va a ser y cómo va a ser», argumentan los técnicos. Eso es hacer política demagógica ¿o no?. Yo no sé si Carlos López Riesco está representando una obra teatral escuchando a todo el mundo, recorriendo los barrios, aguantando el aluvión de quejas, de intereses encubiertos empresariales, de súplicas vecinales, de críticas y de deseos. A lo mejor luego él y su equipo hacen de su capa un sayo. Lo veremos al tiempo. De momento está bien eso de bajar a pie de calle y escuchar a la gente. Cuando se ostentan cargos se pierde la noción de la realidad. Uno se rodea de una cohorte de mantenidos que te llevan en volandas de aquí para allá en un mundo de ficción. Escuchar, sólo eso, ya es un buen síntoma.