Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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AHORA que a todo cristo le da por salir del armario, a este menda se le ocurre que, con las muchas mujeres lindas y cariñosinas que hay por el mundo «alante», encetando la hornada por el Bierzo, lo mejor sería montar un harén. Pido disculpas por adelantado si alguno o alguna se ofendiera por decir lo que uno piensa. En estos tiempos de cruzadas no conviene airear ciertos asuntos, mas echar leña al fuego de vez en cuando aviva el espíritu, pues no sólo de pan y buenos alimentos vive el hombre, sino de la estimulación que procuran las mujeres, diosas del universo. La mayoría de la gente no piensa -esto es un decir- y en cambio actúa, incluso comete barbaridades sin cuento, de forma que montar un harén, si nos dejan, podría entrar en la llamada lógica bienpensante. Si al personal le da por salir del armario, porque uno, que es un ser bien normalito, no va a adentrase en las alcobas alfombradas de la sensualidad y en los vergeles rosados del amor. Confieso mi admiración por el erotismo islámico y la voluptuosidad que imprime el ateísmo revolucionario a la sociedad cubana. A propósito de armarios, recuerdo que siendo un niñín gustaba de meterme en los armarios en ese juego de «escondite» que tanto apasiona a algunos chavalines. Qué extraordinario juego era el escondite. Luego mis papás se tiraban un buen rato buscándome hasta dar con mis huesos. En el fondo, a uno siempre le ha gustado entrar, aunque en ocasiones conviene salir de estampida. No tengo nada en contra de los «homos», perdón ahora se les dice gays, incluso he conocido a muchos a lo largo de la vida. Algunos eran bisexuales. O tal parecían. Como un tipo que conociera en el Reino de Disney, que por lo demás tenía una novia guapita y cachonda. Ser homosexual no es algo que uno elija, como se eligen algunas cosas. Uno se excita o no se excita, le pone o no le pone el mismo sexo. No se deben reprimir los instintos más primarios, que luego se engendran monstruos, y no hay quien los pare. Aunque bien es cierto que la voluntad está en función de las circunstancias. Los reclusos y toda suerte de encerrados saben lo que ocurre en estas situaciones. Sólo los imbéciles y los fachistas podrían estar en contra de los homosexuales. Lo digo en serio. Más a uno le vuelven loco las mujeres, qué se le va a hacer, sobre todo las chavalas hermosas cuyo perfume enciende nuestro diosecito del amor.

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