SILLA BAJA
Acostumbrados
HE LEÍDO el mazacote denominado «Evaluación de impacto Ambiental» para una nueva central térmica, de ciclo combinado, en Congosto, un Ayuntamiento con grandes tragaderas medioambientales demostradas, donde, según datos de la Junta de Castilla y León, los niveles de contaminación tolerables fueron superados 43 veces en el 2002, 52 en el 2003, 68 en el 2004. La evaluación que comentamos reconoce que «el área de posible superación de los valores límite para la salud humana a la que afectaría la nueva Central, es, en su inmensa mayoría, no habitado», como si dijéramos, «está embarazada, pero sólo un poquito». He leído también las razones de los vecinos de Cobrana contra el nuevo proyecto, me parecen sólidas, sensatas y bien documentadas, porque es incompatible con el desarrollo sostenible del Bierzo, porque los daños en la salud y en la agricultura no se justifican con la pírrica producción de empleo, porque choca con los criterios de la Directiva 2003/54/CE, porque ya llueve sobre mojado en la comarca desde que el Ministerio de Industria concedió a las centrales de carbón nuevos derechos gratuitos que les permitirán emitir, a mayores de los previsto en el PNA, 4,5 millones más de toneladas de CO 2 , porque en Ozono el municipio de Congosto ha superado en 29 ocasiones el umbral de protección de la salud, porque de acuerdo con los compromisos adquiridos por el Gobierno en el Protocolo de Kyoto, las emisiones de gases de efecto invernadero no deberán sobrepasar en España, el 2012, el 15% de las producidas en 1990, porque Castilla y León es la Comunidad Autónoma que más óxido de nitrógeno vierte a la atmósfera, porque la provincia de León soporta la mayor concentración de industrias contaminantes en una Comunidad cuya central más contaminante está a un tiro de piedra de Congosto, y porque el Pantano de Bárcena no puede soportar esa nueva presión en el consumo de agua, unos 200 litros por segundo para la refrigeración. No es de recibo que el Bierzo se especialice en producir energía eléctrica «para el consumo de otras regiones que se pueden permitir el lujo de promover allí industrias limpias, porque el coste de la contaminación de la generación energética lo asumen otros». Basta mirar al cielo de Cobrana, atravesado por cuatro líneas de alta tensión, para compartir sus razones. Pero lo que clama al cielo es este párrafo final del mamotreto: «la iniciativa ha sido bien acogida por la población de la zona, que además ya está acostumbrada¿»