Diario de León

Algo huele mal en Paradela

Este pueblo del municipio de Toral de los Vados, situado junto a un polo industrial y al lado de la autovía, tiene todas sus calles de tierra y vierte a un prado sus aguas fecales «Nos

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Manuel Félix - ponferrada
Ponferrada

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No es necesario viajar a paises remotos para ver las carencias básicas de la población. La aldea de Paradela del Río, en el municipio de Toral de los Vados, es un claro ejemplo. El pueblo está situado a pocos metros de la Nacional 120 y muy cerca del enlace de la autovía del Noroeste. Cuenta además en sus inmediaciones con uno de los focos económicos industriales más potentes del Bierzo. Sin embargo, el pueblo, que tiene quince vecinos residiendo todo el año y que los fines de semana y en verano dispara su población, carece de alto tan básico para este siglo como el asfalto o el cemento en sus calles principales. Las conducciones del cable eléctrico que llevan la luz a las farolas de las calles están depositadas a ras del suelo. Una tubería de color rojo con los cables dentro, tirada sobre la tierra, delata a los que allí acuden que es la infraestructura que transporta unos cuantos kilovatios de potencia. El pueblo apenas tiene niños, pero cualquiera puede pisar o manipular ese cable, y si hubiera un incendio, sería lo primero que ardería. Con todo, a los vecinos lo que en estos momentos más les preocupa no es precisamente el cable o el hecho de tener que pisar calles de tierra cuando llueve o calienta el sol. Lo peor es que temen un foco de infección porque los vertidos fecales de las casas van a parar directamente a la superficie. A la entrada de Paradela del Río, justo del otro lado de la carretera frente a la iglesia, una tubería lanza sin ningún tipo de filtro directamente los residuos a un prado lleno de encinas y maleza. Ayer llovía, la humedad ambiental era alta, pero el olor fétido era fácilmente perceptible. Lo peor es en verano, cuando el sol aprieta y los efluvios son más intensos. Esa sensación la conocen bien los vecinos, puesto que ya llevan años así, sin solución del Ayuntamiento de Villadecanes-Toral. En el otro extremo del pueblo, a pocos metros de una vivienda, hay una fosa séptica, pero está llena y la basura rebosa por todas partes. Efectivos de la Guardia Civil del Seprona estuvieron allí esta semana y han levantado acta de la situación. Hablando con alguno de los vecinos del pueblo, todos quieren dejar claro que ellos no piden lujos, ni nada superfluo. Sólo esperan que les ayuden para disponer de los servicios mínimos. Llegan a ser tan recatados que casi les da pudor pedir que les asfalten sus calles de tierra y barro. Casi se conforman con que les echen zahorra, aunque son conscientes de que tienen derechos como el que más, a vivir en un medio más acorde con los tiempos que corren. Todos los consultados se consideran castigados por el Ayuntamiento, gobernado por un alcalde socialista. Sin embargo, ninguno quiere que esto se confunda con una guerra política. «No queremos molestar a nadie, sólo que nos ayuden, porque llevamos así muchos años y ahora la cosa ya clama al cielo», asegura uno de los afectados.

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