El Obispado se ha personado en la demanda judicial por daños en la iglesia de Santa Eulalia
Langre reclama medio millón a Uminsa por grietas en 40 edificios
Un grupo de 27 afectados han reabierto por la vía civil el caso de las subsidencias mineras
El pueblo de Langre (Berlanga del Bierzo) no se rinde. Sus vecinos no se resignan a ver cómo sus casas siguen agrietadas, y están más que convencidos de que el origen es la actividad minera desarrollada en el subsuelo. Después de once años pleiteando contra la empresa Coto Minero del Sil (ahora Uminsa), un grupo de 27 propietarios de unas cuarenta edificaciones, -junto con el Obispado de Astorga, por los efectos en la iglesia de corte neoclásico de Santa Eulalia-, han decidido presentar ahora una nueva demanda en los juzgados de Ponferrada. Esta vez es por la vía civil, ya que por lo penal los tribunales absolvieron a la empresa en la persona de su director facultativo, Eduardo Brime. En dicha sentencia absolutoria, ratificada por la Audiencia, se animaba a los afectados a emprender la reclamación de daños por lo civil. De esta forma, después de un impás preparando documentación, el procedimiento ordinario está en marcha. El total de los afectados reclaman a Uminsa una indemnización superior al medio millón de euros. Sólo en la iglesia de Langre, fechada en el siglo XVII, se estima que los daños son superiores a los 60.000 euros. Se deja bien claro que no se refieren al deterioro por el paso de los años, sino a las grietas recientes de los últimos 11 años. El subsuelo de Langre está atravesado por dos capas de carbón: las bautizadas con el nombre de Perdiz y Benallada. Los que ahora interponen el nuevo pleito se aferran a la oficialidad de que en 1995, la empresa Coto Minero del Sil, con el citado Eduardo Brime en la dirección técnica, estaba explotando el mineral en el subsuelo de Langre. Y eso, porque en ese año hubo una orden de paralización de labores de la Junta de Castilla y León. A partir de ese año 1995, las grietas que aparecían en las casas fueron agrandandose y el asunto cobró mayor seriedad. Desde entonces, hay informes periciales que dan continuidad en el tiempo a la evolución a mayores de esas grietas, que están carcomiendo las casas. La defensa de Uminsa insiste en que las grietas se estabilizaron, una vez paralizada la explotación minera. «Nos quitaron el agua y la salud y llevamos once años con este tema y ninguna solución» SECUNDINO ALONSO Vecino jubilado con 34 años de mina