Publicado por
JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

Creado:

Actualizado:

COMO desmintiendo la supuesta ola de laicismo que nos invade, el telepredicador, importado directamente de las Américas, nos acompaña durante más de veinte minutos en el coche, mientras dura la cobertura de la emisora, no sé si pública o privada, que le sirve de púlpito. Al principio pensé que se trataba de una versión actualizada de las metamorfosis de Ovidio, donde Júpiter envía sobre los humanos los terremotos, las inundaciones, y otras desgracias colectivas para castigar al género humano hasta lograr una raza nueva y un mundo restaurado (redditus orbis), pero sobre todo para dejar bien claro quien tiene el poder absoluto. Asegura el telepredicador que el sunami es obra de un dios cabreado, decidido a quitarle lo poco que tiene al que tiene poco y a darle más el que tiene bastante, sin nombrar a Jesús de Nazaret, sin una referencia a la filiación común de los humanos, tan próxima a la naturaleza común de los estoicos, certificando que las catástrofes naturales que de forma selectiva conectan en la frágil mandíbula de los marginales son un castigo contra el relativismo moral y la falta de conciencia del pecado individual, la religio depopulata de Malaquias. Todo desde un posicionamiento maniqueo autoritario e integrista, que mete en el saco de la maldad a quienes como Tomás de Aquino piensan que la verdad es múltiple, o como Sócrates consideran al malo como ignorante, o como Lombroso al delincuente como un loco moral, nada digamos de Papini y su piedad con los delincuentes. Daba miedo el telepredicador tan seguro en su condición de correa de transmisión de la divinidad, suerte tienen algunos tibetanos que esperan y confían que en el más allá serán juzgados por los animales de compañía. Pienso yo que ese fanatismo integrista es la amenaza y no el relativismo de los que piensan que el caos es un orden por descubrir. El último informe de la fundación Santa María sobre el perfil de la juventud española revela que los jóvenes siguen alejándose de las iglesias. Hace diez años los jóvenes que se consideraban católicos eran el 77%, hoy no llegan al 50%. Dicen algunos expertos que eso se debe a la política laicista y a la ingerencia de la iglesia en la política. Pienso yo que algunos telepredicadores engordan esas encuestas dándole la razón a Averroes cuando decía que la religión de los cristianos es religión de cosas imposibles. Mejor será que algunos dejen de echarle las culpas al gobierno de turno y se apliquen a analizar, con espíritu sereno, sus propias contradicciones internas.

Cargando contenidos...