Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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HE PASADO unos días en Segorbe, pequeña ciudad episcopal y castellanoparlante de la provincia de Castellón. Segorbe está en el verde y boscoso valle del Palancia, tiene nueve mil habitantes y la única catedral de toda España que pertenece al tímido estilo neoclásico. Dentro de ese edificio, espléndidamente remozado con motivo de la exposición «La luz de las imágenes» (versión valenciana de Las edades del Hombre) hay un claustro trapezoidal que alberga un museo donde se exhibe una formidable colección de retablos góticos. Estuve en Segorbe invitado por la Fundación Max Aub, que, entre muchas otras actividades, convoca un sustancioso premio de relatos de cuyo jurado fui miembro este año. Pero el tema de este artículo, claro, no es mi viaje, sino la Fundación Max Aub. Porque me ha parecido una institución muy meritoria. El alma de la vida cultural de una pequeña ciudad y de una comarca. Y fue entonces que yo pensé en algo obvio: ¿cómo es posible que Ponferrada, con sus casi setenta mil habitantes, no tenga una fundación así? Un instrumento que favorezca la integración de la ciudad en el ámbito de la palabra escrita, de su creatividad y universalismo. Un instrumento que potencie el amor de los bercianos por la literatura. Porque me refiero, naturalmente, a una fundación relacionada con las letras, al margen de otras iniciativas que pudieran surgir en cuanto a las artes plásticas o a la música. En lo cultural, Ponferrada ha mejorado mucho en los últimos años. Ahí está su brillante actividad escénica o sus museos para demostrarlo. También la costosa recuperación en marcha de sus mejores monumentos. Pero se echa de menos una fundación relacionada con el mundo de la literatura. En Segorbe se las ingeniaron comprando el interesante legado de Max Aub, que se hallaba en México, donde el gran escritor judeo-español vivió después de la guerra civil. En Ponferrada no hace falta eso. Sencillamente, sería cosa de crear una fundación con el nombre de nuestro escritor más ilustre, don Enrique Gil y Carrasco. Que aunque nacido en Villafranca, pasó casi todos sus años bercianos en Ponferrada, ciudad que tanto amó. Además, debería ser una fundación de ámbito comarcal, y por eso, también implicada en la literatura en lengua gallega. Las instituciones podrían financiarla, aunque sería conveniente apoyo empresarial y ciudadano. Creo que el Bierzo, tierra literaria, patria de tantos escritores, se merece un centro de las letras. Porque la cultura es la seña de identidad de las ciudades.

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