Diario de León
Publicado por
JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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ES DIFÍCIL estar relajado, incluso en unas vacaciones quizá merecidas, bajo la luz cegadora de tantos focos ardientes y dolientes que hay activos en este mundo, viendo a medio millón de desplazados en Líbano, a treinta mil mendigos bajo los puentes de New York, al niño muerto en la patera, al albañil de Orense muerto bajo el sol, a los ocho ferroviarios de Haifa bombardeados. También ese gato que llora su abandono, adornado con el collarín coqueto, un capricho del niño que ahora hace castillos en la arena, toda la familia unida y feliz. Aunque el calendario Isidoriano no lo certifica este de las vacaciones familiares es tiempo de abandonos de gatos, perros y ancianos sin recursos propios. Apagados los ecos que retumbaron por Alicante y por todo el Bierzo celebrando el ascenso de La Deportiva, vemos una vez más que todo lo que sube baja y ya tenemos a Fiorentina, Juve, Lacio y Milán en ese espacio de plata y gozo para nosotros, para ellos un pozo, que todo es relativo en esta vida como demostraron las huestes de Gil y Gil asegurando que solo iban a estar un año en el infierno, luego serían dos. Solo se mantiene en el descenso permanente ese tercio de la humanidad instalado en la pobreza con la sola compañía de los voluntarios que hacen su trabajo sin nombramiento del Banco Mundial o de la OMC, instancias que ya se encargan de que las cosas de Palacio, nunca mejor dicho, vayan despacio para los intereses de los pobres. Veo también la desesperación y el desamparo de ese voluntario español que regresa de Beirut lamentando la pérdida del fruto de veinte años de trabajo, en cinco minutos, aunque más la muerte civiles, hombres mujeres y niños, bajo las bombas que prefieren caer en los barrios suburbiales no se sabe bien por que. Por si fuera poco se me ocurre ver la película «Guantánamo» y ahí es donde la sorpresa y la esperanza comienzan a caminar juntas, pues aquellos cuatro jóvenes inocentes no sólo salieron con vida, demostrando que superada la teología del derecho penal heredada del derecho romano, no hay mal que cien años dure ni infierno que sea eterno, sino que fueron capaces de ver el lado positivo de la terrorífica experiencia que vivieron en aquel lugar donde el caos triunfa sobre la vida, en el reino en el que impera el terror y lo absurdo. El infierno, según escribió León Felipe, «no es un fin es un medio». Estoy seguro de que ese cooperante español que ahora tiene el ánimo hundido regresará pronto a Beirut.

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