La «caló»
«HASE» una «caló» que levanta la tierra y funde el misterio. La canícula africana está causando estragos en Europa y América. La piel de toro o de vaca «machorra» que es España, gran parque de atracciones al que vienen a parar inmigrantes y turistas, se está convirtiendo en un desierto. Sólo hay que darse una vuelta por nuestro país en esta época. Mientras tanto, en el Bierzo Alto, paraíso verde, perdido y montañoso, disfrutamos de un clima que en ocasiones me late fresquito. Esperamos con ansiedad a que llegue el verano, la estación más lírica del año, y luego nos quejamos del calor. Algunos hasta se mueren de calor, lo que resulta una mueca irónica. Morirse de frío, congelado, es algo habitual, pero espicharla por el calor no entra o no debería entrar en los planes. En el Bierzo, al menos, tenemos un clima extraordinario durante la primavera y el verano. El invierno, en cambio, resulta duro y largo. Incluso en Ponferrada, que no deja de ser un pozo contaminado por la térmica, la temperatura veraniega se me antoja agradable durante la noche, lo cual he podido comprobar, una vez más, luego de torrarme, cual guiri-camarón, en el Levante, que ahí si hace una «caló» como pa' quitarle a uno el «sentío». Lo mejor, si se quiere dormir, es quedarse al sereno o hacer noche blanca en alguna playa, al amor de la brisa, por ejemplo en el Altet, mientras uno intenta pescar ilusiones en forma de «pececicos». Como alguna noche en compañía del cuate Rocamora, que ahora ha vuelto a su taxi, después de una temporada post Gran Hermano. Es el Levante o Mediodía, el Midi español, una tierra en que, llegada esta época, el calor atiza de tal modo que resulta insoportable si se quiere dormir en casa y en cama, aunque uno se acueste en pelota picada. Los bercianos, sobre todo los del Alto, estamos acostumbrados a las frescas noches (a veces frías) del mes de agosto. A partir de mediados de agosto, en el Bierzo Alto, conviene poner la pelliza si uno quiere pasar la noche en vela. Y por supuesto se puede dormir con manta cual si estuviémos en el norte de Europa. Dormir arropado o cobijado es un gran placer. Ahora ya sé lo que se cuece en verano en el Levante: el calor, los guirufos, las playas de Torrevieja, Guardamar... pero también está la maravillosa y tostadora isla de Tabarca, la hospitalidad de la familia Rocamora y de mis sobrinos, Andy y Marieta, que ahora viven en Almoradí (Alicante), y un viernes inolvidable en la Fortaleza del Sol de Lorca escuchando a una diosa de la música griega: Haris Alexiou.