Diario de León

| Reportaje | La fiesta del agua |

Empapados en la Veneciadel Bierzo

Las calles de Molinaseca se convirtieron en un hervidero de gente dispuesta a disfrutar a pesar de la lluvia y el frío

Cualquier amigo o enemigo se convirtió en el blanco perfecto a batir

Cualquier amigo o enemigo se convirtió en el blanco perfecto a batir

Publicado por
Mileide Patricia - ponferrada
Ponferrada

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«Aunque haga frío, somos del norte y por las fiestas de Molina lo aguantamos todo». Esta es la frase que resume las ganas de fiesta y desenfreno de las cientos de personas que se dieron cita en Molina para celebrar la fiesta del agua. Al caer la noche la magia se apoderó de hasta el último rincón de las angostas calles del pueblo para hacer palpitar con fuerza las últimas horas de las fiestas más famosas del Bierzo. La tradicional ronda de bodegas a lo largo de veinte locales se encargó de calentar y animar el ambiente para lo que se avecinaba. La plaza principal, las calles, y las bodegas eran un hervidero de gente en el que el encuentro entre viejos amigos, estudiantes que residen durante el año fuera de las fronteras bercianas, incluso las nuevas amistades protagonizaban el murmullo general que a modo de ruido al tiempo que sonaban las canciones del verano, hicieron bailar y olvidarse a todo el mundo del otro protagonista: el frío. Con el paso de las horas los tímidos rayos de luz recordaron que el gran acontecimiento estaba por llegar. Eran las ocho de la mañana cuando los primeros guerrilleros acuíferos comenzaron a tomar las calles enfundados en sus bañadores, trajes de neopreno y en algunos casos, gafas de buceo al más puro estilo de una batalla campal. En un principio eran unos tímidos calderos de agua los que despertaron e hicieron temblar a los más despistados e inexpertos, pero minutos más tarde Molina se convirtió en un auténtico campo de batalla, la fiesta había comenzado. Fueron horas de diversión, imaginación y desenfreno. A pesar de las bajas temperatura decenas de jóvenes y no tan jóvenes se encargaron de sellar un año más la historia de la tradicional fiesta del agua. La aventura mereció la pena, ya que los supervivientes de la larga noche tuvieron como recompensa una deliciosa chocolatada, que con un punto de dulce puso punto y aparte hasta el año que viene, a una jornada que hizo de Molinaseca un año más el reclamo festivo por excelencia del Bierzo.

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